lunes, 14 de julio de 2014

SILLERÍAS DE CORO (IX)

De la sillería de coro del monasterio de Santa Mª la Real de Nájera.
3. Misericordias.


Al desconocerse el mecanismo que las producía, las enfermedades eran consideradas en la época medieval como "castigo divino" y tan sólo con el sufrimiento se podía obtener la gracia de la curación. En una misericordia del monasterio de Santa Mª la Real un hombre, vuelto de espaldas, presenta el cuerpo cubierto de tumores o en términos médicos afectado por una "lepra lepromatosa" en estado avanzado. En el Tercer Concilio de Letrán, en 1179, se ordenó la reclusión de los leprosos en lazaretos o en casas mediante una ceremonia apropiada. La ceremonia de la "separatio leprosarum" se realizaba en España en las iglesias en la sala de los leprosos; previamente un eclesiástico declaraba desde el púlpito que el sujeto padecía la lepra. Sobre la cabeza del enfermo -cubierta por una tela negra-, se arrojaba tierra tomada del cementerio, el sacerdote le leía las normas que debía seguir, le entregaban el hábito de lazarillo y le despedían en procesión. El mal era una verdadera muerte social para los enfermos. Las leproserías solían situarse próximas a un cauce de agua y a un camino fuera de los muros de la ciudad; en determinados días -normalmente los de mercado- podían acercarse a la población para pedir limosna o salir al camino a mendigar. Las instalaciones consistían en una capilla, bajo la advocación de San Lázaro, unas pequeñas cabañas donde pernoctar, un huerto y un corral para su sustento y un cementerio.
La lepra fue juzgada como castigo al que violaba las normas que reglamentaban las relaciones matrimoniales; se estimaba que aquellos que la padecían era porque habían sido concebidos durante los períodos menstruales. Hasta finales del siglo XVI la lepra fue en Europa la enfermedad epidémica más importante; suele declararse que en su difusión por España jugó un papel importante el Camino de Santiago. A una de las misericordias de la sillería del monasterio najerense se la conoce habitualmente como "La Plaga". Fernando López-Ríos llega a proponer una sugerente teoría al insinuar si estas misericordias no serían sino una representación de los "agotes" pues estos para unos no eran sino el asentamiento de los leprosos expulsados de Francia por orden del rey Felipe V, entre 1316 y 1362, aunque otros los consideran sencillamente como restos del derrotado ejército de Abderramán III  o hebreos o gitanos.
En el siglo XV los tullidos constituían una verdadera tragedia; habitualmente se  dedicaban a la mendicidad, exhibiendo sus males para conmover a las gentes. Aunque las personas solían dar limosna a los mendigos, eran despreciados porque muchos de ellos mostraban una falsa deformidad o pobreza. Tampoco debe olvidarse que en la época, y a pesar de los progresos médicos -debidos sobre todo a los médicos musulmanes y judíos-, la higiene y la asistencia sanitaria, en especial para las personas más desfavorecidas, era bastante deficiente. En una misericordia del monasterio se muestra a una persona tullida que camina con unos tacos en sus manos.
El Bosco y Brueghel, en sus obras, escenificaron toda clase de tullidos así como los procedimientos -bastones, muletas, tacos, ...-, que usaban estas personas para caminar; dos de ellos, con ayudas similares a las representadas en la misericordia, se ofrecen en la siguiente fotografía formada por recortes de sus pinturas o dibujos.
En la vida espiritual de la Edad Media el diablo jugaba un importante protagonismo hasta tal punto que los cristianos concretaban su existencia, pudiendo adoptar la forma de cualquier persona, animal o ser híbrido; el diablo era un personaje tan familiar como lo podían ser los santos o los profetas. En una época de penuria y desconcierto proliferaron las prácticas de brujería -la magia no es sino una respuesta a la sensación de desesperanza que tiene el hombre o la mujer en un mundo que no puede controlar decía Malinowsky-, e incluso, según señala López-Ríos, los médicos moriscos entre sus prácticas contaban con la invocación al demonio.
En una misericordia de la sillería aparece caminado una figura monstruosa con dos caras que se coge el talón con su mano derecha. Para Baltrusaitis estos tipos de diablos con dos caras se propagaron primero por Inglaterra pudiendo encontrarse en manuscritos iluminados de comienzos del siglo XIII (p.e. en el Salterio de San Luis de la universidad de Leyden o en el Apocalipsis del Trinity College, del que se muestra un detalle del fol. 24v); en general abundan en las miniaturas de los "Infiernos" de los textos medievales. 
Para Emile Mâle la aparición de cabezas sobre el vientre significaría el desplazamiento de la sede de la inteligencia puesta al servicio de los bajos instintos: "Modo ingenioso de dar a entender que el ángel caído se ha precipitado al nivel de la bestia". No obstante en la sillería existen también representaciones más convencionales del demonio en los que figura con cuernos y colmillos y del que salen llamas por su boca entreabierta.
Característico de los estalos de Santa Mª la Real es el gran número de misericordias -o de pequeños frisos en los tableros dorsales-, que presentan tallas de rostros humanos o monstruosos. Tres de ellas que  muestran bien un rostro inexpresivo sin frente que saca la lengua por su boca entreabierta, o a una máscara de orejas puntiagudas que aflora su lengua entre afilados dientes, o a un rostro con grandes orejas, boca ondulada y un marcado reborde del hueso frontal de encima de la ceja, son para el doctor López-Ríos representaciones de demonios lamedores. Recuerda el sentido degradante de la función de estos demonios buscando en el refranero, donde el desprecio hacia el adulador es grande; así: "Lamiendo culos a la cumbre subieron muchos" o "Lamiendo culos subió Miguel, y ahora le lamen el culo a él". Se trata de demonios encarnados de forma repulsiva y que adquieren la forma caricaturesca de demonios lamedores.
Las imágenes, como el lenguaje, en la Edad Media eran francas y groseras. A una figura representada en una misericordia se le acostumbra a designar como "El defecador"; se trata de la efigie de un hombre sentado que apoya una mano sobre la rodilla y la otra en la cabeza. Aunque en la época los excrementos tenían un valor ambivalente su utilización en el arte era una forma de manifestar la degradación o el insulto, e incluso entre ellas se hacía residir al representante del mal, el demonio, cuando había penetrado en el cuerpo de alguna persona.
El hombre medieval vivía en un mundo de contraposiciones ya que siempre buscaba en todo la enseñanza moral. Para López-Ríos "la metáfora culo-cara se daba en nuestras sillerías como forma de oponer el bien y el mal; o el lado bueno espiritual del hombre con su lado animal: el culo". En una misericordia del monasterio najerense la figura de un monje acéfalo espera la llegada de otro que le prestará el culo convirtiendo su culo en cara; lo que llamamos humor escatológico debe haber sido una reacción a la predicación persistente de la Iglesia sobre los peligros de la carne.
La risa inocente en la Edad Media raramente era inocente; risa y miedo solían estar relacionados. De algunas imágenes es difícil aseverar si trataban de provocar la sonrisa o eran una advertencia a los monjes. En una misericordia se muestra a un "putto" las piernas ligeramente arqueadas, la rodilla doblada y la mano izquierda jugando con sus genitales -en el siglo XX según García Prado "apreciamos una figura humana desnuda", Elaine C. Block  ve "un niño desnudo orinando", e Isaac Guadan una "figura obscena"-, probablemente estaba destinado a turbar a los monjes si sus pensamientos se extraviaban por la pendiente resbaladiza de la falta de castidad.
La temática más repetida en las imágenes que decoran las misericordias corresponde a la de muy variadas -algunas muy bellas-, cabezas humanas: rostros de nobles, de comerciantes, clérigos, campesinos, mujeres, moros, judíos y negros, de juglares, de malabaristas o de bufones con cascabeles. Uno de estos rostros podría corresponder a un peregrino de los que hacían el Camino de Santiago pues el sombrero que oculta sus ojos presenta cosida la clásica concha de remoto origen supersticioso pagano (los romanos la usaron como amuleto con fines profilácticos para evitar el mal de ojo); ya a finales del siglo XII se había generalizado la costumbre de llevar conchas fabricadas en metal -plomo o estaño-, que se vendían en puestos o por vendedores ambulantes, en lugar de las naturales.
Menos clara en cuanto a su atribución pero que también podría estar relacionada con los que hacían el "Camino" es una cabeza barbuda adornada con una pequeña calabaza que cuelga de su cuello. Cuando don García el de Nájera levantó el monasterio de Santa María agregó una alberguería para que la comunidad de clérigos  -entonces bajo la regla de San Isidoro-, acogiese a pobres y peregrinos; a fines del siglo XV Hermann Künig la visitó dejando esta noticia: "Allí dan de grado por amor de Dios en los hospitales y tienes todo lo que quieres. Excepto en el hospital de Santiago, toda la gente es muy burlona. Las mujeres del hospital arman mucho ruido a los peregrinos, pero las raciones son muy buenas". No es de extrañar por tanto las diversas alusiones que se hacen en la sillería a los peregrinos.
En una misericordia de la sillería del monasterio se muestra a un bufón; lleva un gorro con tres cascabeles pero no las orejas habituales. En época medieval los bufones actuaban como un recordatorio de la necedad y de la vanidad de todo poder terrenal y de la gloria. La libertad que gozaban les permitía manifestarse como los locos y expresar verdades desagradables.
En otro estalo se ha representado a una persona de edad también con cascabeles en el gorro. El bufón -el "fou" o loco-, era un tonto que señalaba la estupidez de los otros sin reconocer sus propios defectos; en especial porque era siempre terco y sordo a los consejos de los demás al tiempo que carecía del mínimo conocimiento de sí mismo. "La nave de los necios" o "de los locos" -crítica de los vicios de su época-, escrita por Sebastián Brant y publicada en los años en que se realiza la sillería, dotaría de gran popularidad al personaje .
Parece claro que muchas de estas misericordias talladas con rostros humanos fueron realizadas buscando tan sólo un fin decorativo, por distintas manos e incluso alguna en años diferentes a los iniciales de construcción de la sillería. En la composición adjunta se muestran cuatro misericordias dos de las cuales se decoran con representaciones de cabezas barbudas tocadas con capucha o gorra adornándose una de ellas con un cascabel en el centro de la frente; la parte inferior de esta última aparenta apoyarse en una pequeña consola mientras que la otra es el pecho de la persona la que hace de soporte. En las otras dos misericordias que aparecen en la fotografía, una llorona máscara rodeada de sarmientos y una cabeza con follaje en el pelo, presentan no sólo estilos de talla muy diferentes sino que sus formas superiores -donde reposaban sus posaderas los monjes-, son muy distintas -dos curvaturas frente a cuatro- y las consolas inferiores en que apoyan máscara y cabezas también.
El retrato del natural fue muy raro en las sillerías de coro y aunque el importante tráfico de peregrinos en Nájera suponía la llegada a la ciudad de una abigarrada masa de gente procedente de diversas partes del mundo no fue este el origen de la gran cantidad de cabezas representadas en las misericordias de la sillería del monasterio. En los apoyamanos de la sillería de la catedral de Barcelona una serie de figuras representaban a algunos de los grupos participantes, en especial mediante contribuciones económicas, en la realización de los estalos; tampoco parece ser el caso de las figuras escenificadas con profusión en Nájera donde tan sólo el tocado podría orientarnos de su procedencia.
Una de las cabezas talladas en las misericordias, un joven con un tocado consistente en un rollo que sujeta el pelo a modo de diadema, podría identificarse, en opinión de Isabel Mateo, como un personaje perteneciente a la clase burguesa. Otras dos misericordia que presentan una cabeza de pelo rizado, pómulos altos y pendientes en las orejas, para Isaac Guadan corresponden a la representación de una cabeza de negro y de moro para Elaine Block.                 
Entre las más bellas y misteriosas tallas realizadas en la serie de misericordias de la sillería del monasterio de Santa María la Real, figura una cabeza barbuda de anciano cubierta con un tocado -ahora con daños-, que se adorna con una insignia en el centro. De su cuello cuelga una cadena con tres pequeños objetos. Uno de ellos es una campana de iglesia en miniatura con su badajo; el colgante central, algo plano, parece una bola de madera o de tela, y el tercero un cascabel de bufón. Desconozco su simbolismo, aunque Isabel Mateo -es cierto que no con  mucha seguridad- supone pudiera ser uno de los apóstoles.

Y entre las más tristes -y en este caso algo espeluznante-, misericordias de las sillerías de coro figura en Nájera una talla que presenta una gran calavera. Escribía Covarrubias en sus "Emblemas Morales": "Dizen ser, la memoria de la muerte,/ El verdadero espejo, de la vida,/ Si mirándose en él, el hombre, advierte,/ Quán tassada la tiene, y quán medida:/ Pero si el trance riguroso y fuerte,/ De su postrimería, acaso olvida,/ y el alma, no le estampa, en su memoria,/ Prendas muy ciertas, pierde de su gloria."
La única misericordia con motivo religioso explícito es la que figura en el estalo del abad. Corresponde a Sansón desquijarrando al león en primer plano, tema frecuente en las sillas del obispo o abad por simbolizar según el Marqués de Villena el estado del prelado que debe vencer la soberbia y cuidar piadosamente de las almas que le han sido encomendadas; al fondo una montaña con un ermitaño de rodillas y un pastor de ovejas con sus  animales ante una ciudad. Para García Prado, por el contrario, son escenas de la vida de David.
En otra misericordia, vemos de espaldas a un hombre barbudo, pelo largo, la mano en el muslo, que camina. Viste chaqueta con aberturas en la parte inferior, cinturón y con su mano izquierda sostiene un palo con el que parece golpear el asiento; para Elaine Block probablemente sea un Judío. Isabel Mateo cita un refrán recogido en los "Proverbes judéo-espagnols de Turquía" de A. Danon, que podría ser aplicable a la escena: "Remédiate con lo tuyo, no demandes de ninguno", similar al dicho "En el oro no hay espalda" o "Al que tiene todo el mundo le hace caso".
No siempre es fácil explicar o encontrar la razón por la que una escena determinada aparece retratada en una misericordia; es el caso de las cuatro que se mostraran a continuación y que sin embargo presentan un cierto encanto o misterio. En una de ellas figuran dos putti desnudos -expuestos sus genitales-, peleando, agarrados del pelo y dándose patadas, aunque la excepcionalidad de la escena viene dada porque lo hacen en el interior de un cesto.
Una mujer sentada junto a dos animales se ha representado en otra misericordia; lleva un vestido largo, cofia de tela sobre la cabeza y coloca su mano derecha sobre un animal que podría ser una oveja. Su rostro está vuelto y mira hacia el espectador.
Un fraile en posición poco airosa -en cuclillas- con la capucha echada adorna otra de las pequeñas consolas; teniendo en cuenta la posición de la figura y el manejo poco delicado de la filacteria o pergamino que sostiene entre manos puede tratarse de una crítica a los frailes
Un hombre con una mano en el borde superior de la misericordia y la otra sujetándose un pie aparece sentado con cierto aire de sorpresa sin que sepamos lo que atrae su atención.
Quizás como consecuencia de la desaparición de bastantes de las misericordias de la sillería las representaciones de los animales que han llegado hasta nosotros son escasas; la más interesante puede que sea la que García Prado describe como raro monstruo y Elaine Block como un perro de piel lanuda que se muerde una pata. Rosana Foncea considera que se trata de un lobo y recuerda que la tradición le ha caracterizado por su enemistad con el hombre, y que en los Evangelios se dice: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, más por dentro son lobos rapaces" [Mateo 7,15]. Mas expresivo es acaso el "Bestiario Toscano": "... es llamado lobo , que quiere decir robador, ... Y cuando quiere entrar a algún lugar para robar, lo hace muy suavemente y con mucho ingenio; y si ve que sus patas hacen ruido, se las coge con los dientes y se las muerde fuertemente..." , y termina "... más que tomar ejemplo del lobo, que es ladrón y de malvada vida, mucho más podríamos tomar buen ejemplo de la oveja, que es bondadosa y ejemplar.".
BIBLIOGRAFÍA.
-Jurgis Baltrusaitis, "La Edad Media fantástica", Madrid 1994.
-Elaine C. Block, "Corpus of Medieval Misericords. Iberia", Turnhout (Bélgica) 2004.
-Margarita Cantera Montenegro, "La comunidad monástica de Santa María de Nájera durante la Edad Media", publicado "En la España Medieval", Madrid 2013.
-Rosana Foncea López, "Temas profanos en las sillerías de coro riojanas. Santa María la Real de Nájera (La Rioja)", Logroño 2008.
-Justiniano García Prado, "Los coros Bajo y Alto de Santa María La Real de Nájera (La Rioja)", Logroño 1993.
-Isaac Guadan y Gil, "Monasterio de Santa María La Real de Nájera. Ensayo sobre la sillería del coro alto", Logroño 1961.
-Constantino Garrán, "Santa María La Real de Nájera. Memoria Histórica Descriptiva", Logroño 1892.
-José Mª Lacarra, Luis Vazquez de Parga, Juan Uría Ruiz, "Las peregrinaciones a Santiago de Compostela", Madrid 1949 (ed. facsimil Pamplona 1992).
-Fernando López-Ríos, "Arte y medicina en las misericordias de los coros españoles", Salamanca 1991.
-Emile Mâle, "L'art religieux du XIIIem siècle en France", Paris 1923.
-Isabel Mateo Gómez, "Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro", Madrid 1979.
-Santiago Sebastián (ed.), "El Fisiólogo atribuido a San Epifanio seguido de El Bestiario Toscano"; Madrid 1986.
NOTAS.
-Por internet puede verse una magnífica edición digital del Apocalipsis del Trinity College (Cambridge) de ca. 1250; en el folio 24v aparece representado un demonio de dos caras similar al de la sillería del monasterio de Santa Mª la Real.
-A finales del siglo XX, años noventa, y a cargo del Servicio de Patrimonio Artístico de La Rioja se realizó la "última restauración" de la sillería de coro del monasterio. Parece mentira que un organismo en teoría encargado de velar por la conservación del patrimonio se permita libertades como las tomadas en este caso inventándose, p.e., casi una decena de misericordias; y lo más curioso es que en la Ficha Técnica publicada se dice "... la restauración de esta obra, se ha basado en el máximo respeto a la obra de arte, omitiendo cualquier intromisión de carácter estético y artístico, ...". Como ejemplo ilustrativo se muestran seis de las nuevas [ su autor las denomina "reintegradas" para que parezca menos fuerte] misericordias.
Y ya puestos a inventar ¿porqué se eligió tallar cabezas en lugar de animales por ejemplo?; parece sospechoso su menguada presencia y que, en contra de lo que fue habitual, tan sólo figuren cinco misericordias decoradas con animales y sean mayoritariamente de aves.


-Con la llegada del calor a este humilde bloguero los monstruos se le escapan de las misericordias, los acróbatas y juglares lo hacen de los apoyamanos y las sirenas le coquetean desde los pomos, por lo que imagina es una invitación a tomarse unas buenas vacaciones. ¡Que pasen unos agradables y felices días!. ¿Nos vemos en septiembre?.

jueves, 3 de julio de 2014

SILLERÍAS DE CORO (IX)

De la sillería de coro del monasterio de Santa Mª la Real de Nájera.
2. Apoyamanos.


El coro era la razón de ser del monje cluniacense; la piedad se sustentaba en la celebración de los oficios religiosos de forma que prácticamente la oración privada desaparecía. El monasterio de Santa María la Real de Nájera formó parte de la Orden de Cluny durante muchos años -su relación se materializaba con lazos de plena dependencia jurídica-, por lo que la vida de los monjes estaría centrada en la oración, en el servicio litúrgico, que les ocupaba la mayor parte del día, permaneciendo más alejados del trabajo manual y más volcados hacia el intelectual. A finales del siglo XV, sin embargo, se inició un proceso de alejamiento de Cluny que terminaría con su separación y les llevaría a unirse a la Congregación observante de San Benito de Valladolid con la consiguiente reducción del tiempo dedicado al coro y un aumento de la piedad individualista. Fue en estos años cuando se realizó la sillería del coro alto de Santa María la Real de Nájera.
Los apoyamanos de los estalos del cenobio lucen muchas y variadas imágenes de monjes o frailes en diversas situaciones; en uno de ellos, p.e., figura un frailecillo con anteojos -se estima que los anteojos o antiparras son un invento anónimo nacido en Venecia a finales del siglo XIII-, enfrascado en la lectura de un texto. El monasterio tuvo una importante biblioteca, en especial de libros litúrgicos y religiosos, y la actividad intelectual debió ser importante en él. En otro apoyamanos, de los pocos conservados intactos, aparece encarnada la figura de un clérigo que lee un libro ayudándose con un dedo.
Puede ser interesante recordar que el monasterio fue el lugar donde se redactó la "Crónica Najerense" o que entre las dedicaciones del monje cluniacense ocupaba un lugar privilegiado la copia de manuscritos y su ornamentación. Los apoyamanos de los estalos son unos de los elementos que más presentan las huellas que sobre la sillería ha dejado el "abandono, la negligencia y el vandalismo", hasta tal punto que casi ninguno permanece intacto. Es el caso del brazal que muestra a un monje leyendo un pergamino.
En otro apoyamanos una pequeña sirena, que se peina y se mira en un mutilado espejo, es abrazada por un fraile con la mano derecha mientras acerca la izquierda al oído, aludiendo a la atracción que el canto de las sirenas ejerce sobre los hombres. Entre los libros de la biblioteca, con gran probabilidad, no faltaría algún ejemplar del "Physiologo" o de algún bestiario tal que el "Bestiario Toscano"; en este se dice: "... tiene una voz tan dulce que todo aquel que la oye cantar se acerca por propia voluntad para oírla, y le place tanto el canto de su voz que se duerme; y cuando la sirena sabe que el hombre está dormido, se le echa encima y le mata"; parece claro que la imagen tenía un carácter moralizador dirigido a los clérigos y aludía a cómo la seducción femenina ocasiona la perdición del hombre.
Otro monje, que simula estar arrodillado en oración, al haber perdido las manos, nos impide conocer el objetivo buscado por el entallador cuando esculpió el apoyamanos.
Y algo similar ocurre con una representación en la que el fraile o monje aparece sentado. No debemos olvidar que si para moralizar a los clérigos o a los monjes la autoridad religiosa permitió que en las sillerías de coro se pusiesen en evidencia sus vicios con gran realismo, con la misma intención moralizadora figuran religiosos cumpliendo con sus obligaciones o en sencillas exhibiciones de su vida habitual.
Más difícil puede ser quizás imaginar el sentido de una talla donde aparece un híbrido vestido con una parte del hábito de monje y situado ante una especie de caja o mesa; desconozco el simbolismo, sin duda crítico, que implica.
No siempre el estado de deterioro del apoyamanos nos impide conocer sin embargo su significado. Así ocurre con el que presenta a una mujer que, al mirarse al espejo, ve reflejada en él su calavera; inspirado en la literatura moral cristiana que habla de lo efímero -todos los bienes terrenos y en especial la vida lo son-, la idea de la vanidad solía representarse con fines didácticos iconográficamente enlazada con la muerte, pues para dotar de más fuerza moral a sus enseñanzas se hizo surgir junto a las imágenes de los vicios o de las virtudes la de la muerte. Señala Isabel Mateo que los artista fueron "muy partidarios de representar a la muerte en el momento que es menos deseada, en la juventud, y haciéndose presente a las mujeres que no piensan nada más que en el atractivo de las cosas de este mundo, ocupándose de su toilette, personificando con ello la vanidad de las cosas pasajeras y la sensualidad".
Si bien muchas de las imágenes de los apoyamanos se referían a clérigos y monjes no por ello los entalladores se olvidaron de figuras más tradicionales en estos elementos de la sillería; es el caso de representaciones que tradicionalmente se suelen reconocer como de equilibristas.
Fernando López-Ríos, no obstante, considera que "es a través de la mitología popular del Carnaval" como se pueden explicar algunas de las tallas de los estalos que tradicionalmente se las consideraba como retratos de equilibristas. Al apoyamanos mostrado en la fotografía anterior, p.e., le relaciona con las descripciones medievales del cónclave denominado Sabbath en las que los secretos adoradores del diablo le besaban debajo de la cola; para el doctor López-Ríos, la figura del brazal najerense en la que un hombre desnudo adopta una forma de arco y expone sus glúteos desnudos no sería sino la representación del beso anal, típica escena de algunos rituales heréticos. Otra interpretación que habitualmente se da a estas figuras -a causa de la frecuencia con la que aparecen en las sillerías de coro-, tiene su fundamento en la imagen que otorgaba Platón al hombre estúpido, al que describía como aquel que acostumbra a tener la cabeza -la inteligencia-, por debajo del sexo en el lugar de los pies.
No deja de ser llamativo que muchas de las imágenes que aparecen en los apoyamanos de la sillería del coro del monasterio sean figuras humanas desnudas. Para Elaine C. Block el anterior apoyamanos representa a un "viejo acróbata desnudo" mientras que para otros escritores corresponde a la efigie de un hombre atormentado realizada por algún escultor más cercano a las nuevas formas renacientes que volvían la vista atrás hacia tallas griegas o romanas.
Es probable que las tallas de algunos apoyamanos no tengan un simbolismo específico y tan sólo respondan a una razón ornamental, pues la representación de personajes desnudos como evocación de la antigüedad clásica cercano al modo de hacer italiano se aleja del de los tallistas en madera del norte con los que Beatrice G. Proske relaciona el modo de hacer en la sillería najerense. Entre los apoyamanos con un simbolismo significativo conviene citar uno de los correspondientes a la silla abacial: muestra a un hombre encapuchado que aparece arrodillado junto a su perrillo y ambos miran hacia una lechuza que sobrevuela sobre ellos.
La iconografía cristiana moderna, según Isabel Mateo que sigue a Louis Réau, considera a la lechuza "como la imagen del pueblo judío, ya que es un pájaro de noche que prefiere las tinieblas a la luz, como los judíos prefirieron el error al Evangelio". Su inclusión en el puesto principal de la sillería podría estar justificada con este simbolismo, aunque tampoco habría que despreciar la interpretación de una sencilla escena de costumbres; este puede ser el caso de un apoyamanos que presenta sencillamente a un hombre sentado con una carterita en el cinto.
Siguiendo la tradición de la época no pueden faltar en la decoración marginal de la sillería la representación de animales, en especial fantásticos, tan difíciles de identificar como de atribuirles un significado concreto; podría ser la causa de la representación de un cuadrúpedo de largo cuello.
El caso de un apoyamanos en el que figura un animal que se muerde su propia cola hace referencia para el doctor López-Ríos a la contraposición entre la cara y el culo, habitual en las tallas de las sillerías de coro góticas, como oposición entre el bien y el mal, y que no reflejaba sino el pensar del hombre medieval que vivía en un mundo de antinomias buscando en todo la enseñanza moral.
Diversos apoyamanos presentan esculturas de ángeles muy parecidas; en general su estado de conservación es bastante desolador habiéndose tratado de presentar en la fotografía adjunta las dos más completas. Si bien en la época medieval la función del ángel era múltiple pues existían ángeles de varios tipos -como es el caso en la Anunciación el del ángel emisario o el del ángel guerrero en el de San Miguel-, los existentes en la sillería presentan formas genéricas sin alusión a su función.
En los ángulos que forman las filas de sillas laterales con la frontal, donde se acodan dos sillas, los apoyamanos de los estalos adyacentes se han sustituido por una talla común que aparentemente cumple la misma función aunque en realidad es más que nada ornamental.
En uno de estos "falsos apoyamanos" -en el rincón de las sillas altas del lado de la Epístola- figuran dos aves, con sus largos cuellos entrelazados, peleando por un escudo de armas probablemente fantástico. Las sillas del coro de la catedral de Palencia conservan en sus estalos los blasones de los prebendados; Guadans y Gil se pregunta si los de Nájera no tendrían similar significado.
Y en el mismo ángulo pero ya en las sillas bajas aparecen otras dos aves -con cierto aspecto de dragones-, habiendo doblado el escudo de armas y ahora peleando francamente (una de ellas presenta cuello y cabeza deteriorados). Una hipótesis que no deja de ser una especulación es si no se querría aludir a la polémica existente en el monasterio en el momento que se realizaba la sillería entre los que deseaban seguir formando parte en la Orden de Cluny y los que deseaban unirse a la Congregación observante de San Benito de Valladolid.
En la rinconera de las sillas bajas del coro del lado del Evangelio, en el "falso apoyamanos", figuraba un monje del que ahora tan sólo quedan fragmentos; por el contrario en la correspondiente a los estalos altos aparece representada una curiosa escena: un ser con cabeza humana abraza a un animal con pezuñas al tiempo que le dirige a su ano la lengua.
Para el doctor López-Ríos es la representación en las sillerías de coro más inequívoca del lameculos y lo considera como una imagen de los demonios lamedores; recuerda además que el beso dado en la región sacra tenía connotaciones religiosas pues, p.e., "para los hebreos es una parte indestructible de nuestra alma. Se mantiene unida desde la muerte a la resurrección a dicho hueso".
[Con el fin de mostrar hasta donde puede llegar la estupidez humana he tratado de recoger, casi al azar, en tres fotografías el estado de 18 apoyamanos de la sillería del monasterio (se incluye uno "doble" correspondiente a una rinconera y otro ubicado al pie de un roleo)].
BIBLIOGRAFÍA.
-Elaine C. Block, "Corpus of Medieval Misericords. Iberia", Turnhout (Bélgica) 2004.
-Margarita Cantera Montenegro, "La comunidad monástica de Santa María de Nájera durante la Edad Media", publicado "En la España Medieval", Madrid 2013.
-Rosana Foncea López, "Temas profanos en las sillerías de coro riojanas. Santa María la Real de Nájera (La Rioja)", Logroño 2008.
-Constantino Garrán, "Santa María La Real de Nájera. Memoria Histórica Descriptiva", Logroño 1892.
-Isabel Mateo Gómez,"Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro", Madrid 1979.
-Fernando López-Ríos, "Arte y medicina en las misericordias de los coros españoles", Salamanca 1991.
-Beatrice Gilman Proske, "Castilian Sculpture. Gothic to Renaissance", New York 1951.
-S. Sebastián (ed.), "El Fisiólogo atribuido a San Epifanio seguido de El Bestiario Toscano", Madrid 1986.
NOTAS.
(cont.)