lunes, 7 de diciembre de 2015

SILLERÍAS DE CORO (XIII)

De la sillería de coro de la iglesia de San Miguel de Villalón de Campos (Valladolid).


En la iglesia de san Vicente de Villalón de Campos en uno de los apoyamanos de los estalos de coro situados en el ábside aparece representado -ahora parcialmente mutilado-, un fraile que empina un pellejo de vino para beber. Característico de algunas de las escenas que aparecen en las sillerías de coro tardogóticas fue la de mostrar figuras que ponían en evidencia muchos de los vicios de los frailes de la época. La embriaguez era considerada por muchos pensadores cristianos como un vicio mortal pues de ella derivaban el resto de los pecados; así, el franciscano Eiximenis citaba en numerosas ocasiones las palabras de San Pablo “Nolite inebriari vino in quo est lujuria” [“No se emborrachen con vino, que lleva a la lujuria”, Efesios 5:18] y en su obra “Lo Chrestià” escribía por ejemplo “Com de embriaguesa hixen bregues e molts mals” (“Cómo de la embriaguez se derivan disputas y muchos males”) o “Cuando alguien está borracho, si quiere decir “perro” va a pronunciar “carne”, y en lugar de “olla” dirá “botella”, y en lugar de “ver” va a decir “beber”, y otras miserias semejantes”.
Medio oculto por los fragmentos de otro apoyamanos de la sillería, se deja ver la silueta de un hombre desnudo que viste como única prenda la capucha; entre sus manos sostiene un libro. Para Isabel Mateos del ambiente de desintegración moral que afectó a los miembros de la Iglesia surgió en el siglo XV el refrán “Non faze el ávito al monxe” o sus otras versiones equivalentes como las de “El hábito no hace fraile”. El empleo por los predicadores populares en los sermones de “exempla” –pequeñas narraciones intercaladas en ellos con fines moralizadores-, fue tan habitual en la época que solía decirse, como recuerda Eduard Juncosa, “qui nescit barlettare, nescit predicare” (“quien no sabe contar bromas, no sabe predicar”) y constituyeron muchas veces parte de las fuentes de inspiración de los motivos que decoraron los apoyamanos y las misericordias de las sillerías de coro medievales.
Los estalos que actualmente figuran en el ábside de la parroquial de Villalón de Campos, iglesia de san Vicente, pertenecieron al menos a dos sillerías de coro diferentes [más algún añadido]: tardogótica una y renacentista la otra. Varias representaciones de clérigos y frailes borrachos o leyendo aparecen en sus apoyamanos; se desconoce la procedencia de las sillerías y de sus autores tampoco puede contarse mucho salvo sus aspectos estilísticos. Pascual Madoz escribió en su Diccionario: “… San Miguel, hermoso edificio de orden gótico, servida por un cura párroco y un cabildo de beneficiados…”; quizás aquí resida la razón que justifica la existencia de los sitiales de coro en una iglesia parroquial, en la presencia de un cabildo.
Los estalos renacentistas [todos han perdido sus respaldos] pudieron haber sido realizados por el taller de Juan de Juni cuando trabajaron en el sepulcro del canónigo Diego González del Barco fallecido en 1536. Carlos Duque indica que “en 1513 [la iglesia  de san Miguel] es mencionada como colegiata en alguna publicación,…[ y que en] 1595 se señalaba … que había un rector y 12 beneficiados, que todos los días decían y cantaban las horas canónicas ”.
La iglesia de san Miguel padeció tres incendios en el siglo XX –en 1900, 1903 y 1926-, en especial en la zona de la torre donde en su parte inferior se alza el coro y lugar donde hasta 1975 estuvieron ubicados los sitiales del coro; es probable que en uno de estos incendios perdieran sus respaldos los estalos que aún les conservaban. En la “restauración” de la iglesia realizada entre 1975 y 1978, con más ilusión que conocimientos, las sillas fueron ubicadas en el ábside donde actualmente se encuentran.
La mayoría de los apoyamanos de los estalos renacentistas muestran a figuras híbridas de elementos animales que terminan disolviéndose en formas vegetales. A diferencia de las representaciones pertenecientes a los estalos góticos que se apoyan en consolas troncocónicas estas otras figuras o bien se insertan directamente en los paneles laterales de las sillas o aparecen soportadas por unas pequeñas ménsulas cuasi-cilíndricas.
El apoyamanos renacentista más característico corresponde a una efigie vegetalizada presentada como un ser híbrido resultante de la fusión de un hombre con las alas de un ave y las extremidades con elementos propios del reino vegetal. Es muy probable que su representación tan sólo responda a necesidades plásticas sin ningún contenido simbólico. Suele decirse que los artistas empleaban con frecuencia como fuente de inspiración la “Metamorfosis” de Ovidio.
Los estalos con decoraciones tardogóticas probablemente pertenecieron al desaparecido convento de Santa María de Jesús de la orden de San Francisco fundado por D. Rodrigo Pimentel conde de Benavente en 1469 y del que la fábrica de su templo tuvo principio en 1470. En Villalón de Campos existieron también otros dos conventos por lo que según Ortega Rubio “cantaban algunos vagabundos, que, con los pobres, acudían al reparto de la bazofia conventual, la siguiente copla: “En San Francisco dan caldo/ y en Santo Domingo, pan;/ en la Victoria un ochavo,/ ¿quién nos manda trabajar?”. La desaparición del convento debió de producirse entre 1828 y 1841, y su demolición se ejecutó entre 1844 y 1851; se sabe que muchas de sus obras fueron a parar a la iglesia de san Miguel –cuadros, retablo, esculturas, e incluso la estatua yacente del I marqués de Villafranca (actualmente en el Museo de san Gregorio de Valladolid)- por lo que no sería de extrañar que también lo hicieran algunos sino todos los estalos de la sillería del coro.
Varios apoyamanos están seriamente mutilados por lo que su interpretación es bastante dudosa, como es el caso de los dos que se muestran en la siguiente fotografía. Si bien uno de ellos puede aludir a un clérigo o a un fraile borracho: “Ebrietas plura mala inducit” [“Quien escoge ser embriago/ cae en todo pecado”, en “Libro de los Enxemplos”, cap. 127 (LVI)], el segundo representa a una persona con una pierna desnuda y la otra enfundada en una bien guarnecida bota cuyo significado es ahora muy difícil de descifrar.
Al menos tres apoyamanos presentan a hombres con libros en las manos, algunos de los cuales parecen estar enfrascados en su lectura. A propósito de ellos Isabel Mateo recuerda algunos proverbios medievales como “Un buen livru es mijor c’un gran amigu”, o “Il bien más priziozu son luz livrus”, y los considera como fiel reflejo en el saber popular del interés por la lectura en la época.
Sin cuestionar en demasía la anterior interpretación, dado su origen, quizás convenga señalar p.e. que el personaje más joven parece apoyar el libro que sujeta entre sus manos en un atril, o el fragmento ahora perdido situado junto a la cabeza de la persona de más edad o los tocados de ambos personajes. Otro de los apoyamanos con representación de un hombre con libro nos le muestra con el dedo –desmesuradamente crecido-, señalando a alguno de los renglones; quizás se está refiriendo a alguna enseñanza en un texto sagrado.
Es muy probable que los estalos tardogóticos ahora en la iglesia de San Miguel de Villalón de Campos sean tan sólo una fracción del mobiliario de una sillería de mayor tamaño que la que ha llegado hasta nosotros; parece indicarlo los motivos tallados en algunos apoyamanos que nos hacen ininteligible el programa que debió estar representado. Así, uno de ellos muestra a un personaje que por sus características alude a algún profeta o patriarca; llama la atención por lo audaz del modelado de sus formas.
El apoyamanos de talla más elemental muestra a un monje sentado, quizás predicando, que contrasta por su simplicidad con la imagen anterior.
En el grupo de apoyamanos “tardogóticos” existen dos cuya apariencia es un tanto inquietante y se aleja de la de los motivos anteriores. Uno de ellos presenta a un hombre desnudo -¿quizás un fraile?-, cubierto tan sólo por lo que podría ser una capucha que machaca en un mortero situado sobre la cabeza de un león; por las formas de su musculatura probablemente su autor fue el mismo que talló el apoyamanos en el que aparece un hombre también desnudo con un libro en las manos.  Para Isabel Mateo podría aludir a Hércules luchando con el león de Nemea o representar a un boticario que apoya su mortero sobre un basamento en forma de cabeza de león; para el doctor López-Ríos es claro que hace referencia a la Medicina. A este respecto quizás es interesante recordar que en la Edad Media la medicina se estudió e incluso se practicó en los conventos hasta que pasó de las manos de los frailes a los médicos laicos. San Isidoro en el Libro 4 de sus “Etimologías” al hablar de los instrumentos básicos de los médicos señala: “Mortero o pila de moler; sirve para triturar semillas. Se deben citar aquí los pigmentos que, porque se hacen en el mortero o pila, reciben este nombre (mortarium). La pila es un vaso cóncavo muy necesario para los médicos, y en el cual se suelen preparar tisanas y machacar los pigmentos”.
En uno de los apoyamanos de la sillería se representa a una vieja mujer sujetando una serpiente entre sus manos. La lujuria acostumbraba a simbolizarse con la imagen de la mujer –la sociedad era bastante misógina-, y algunos de los personajes literarios de la época la presentan como incitadora de tal vicio. Las tallas que consideramos tardogóticas de la sillería debieron ejecutarse en los años en que la obra de Fernando Rojas, “Comedia de Calisto y Melibea” -“La Celestina”, o “Tragicomedia de Calisto y Melibea”-, se difundía en cualquiera de sus diferentes versiones (de 1499 a 1634 se publicaron en castellano 109 ediciones); la obra, casi irrepresentable por su extensión, fue escrita para ser leída en voz alta en círculos de lectores cultos. La “Celestina” es una tragicomedia” compuesta “en reprensión de los locos enamorados … y en aviso de los engaños de las alcahuetas y malos y lisonjeros sirvientes”; a pesar de la finalidad moral de la obra su riqueza significativa supera ese planteamiento presentando una fuerte carga crítica de una sociedad que se decía cristiana pero que no actuaba como tal, una sociedad que había perdido los valores del antiguo sistema feudal sin hallar en su sustitución ningún otro valor que no fuera el del individualismo.
La “Celestina” sería así el reflejo de una sociedad en descomposición afectada por una crisis no sólo social sino también de orden moral, e incapaz de reemplazar los viejos valores por unos mejores. No debe extrañar, por tanto, ciertas representaciones moralizadoras que aparecen en las sillerías de coro siendo las de la lujuria abundantes y variadas. “Yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud é fuerça destas bermejas letras; por la sangre de aquella nocturna aue con que están escriptas; … por la áspera ponçoña de las bíuoras, …vengas sin tardança á obesdecer mi voluntad …”.
Por el estilo y temática de los apoyamanos tardogóticos parece como si su autor hubiera conocido la sillería de coro de Toledo o trabajado en el taller de Rodrigo Alemán; pero nada puede asegurarse por la desaparición de los Libros de fábrica de los años que podían aportarnos alguna orientación.
En el conjunto de estalos existentes en el ábside de la iglesia de san Vicente figuran tres tipos de misericordias diferentes. Si las clasificamos por las sillas en que actualmente figuran [ninguna garantía de pertenencia con anterioridad] dos corresponderían a los estalos tardogóticos y una a los renacentistas; pero si nos atenemos a sus formas la clasificación podría ser muy distinta.

BIBLIOGRAFÍA.
-Carlos Duque Herrero, Villalón de Campos. Historia y patrimonio artístico. Del siglo XIV al XVI”, Palencia 2006.
-Carlos Duque Herrero, “Villalón de Campos. Historia y patrimonio artístico. Del siglo XVII hasta nuestros días”, Valladolid 2005.
-Eduard Juncosa i Bonet, “”Vinum et ebrietas auferunt cor”. La condena moral por embriaguez según Francesc Eiximenis, en “Pecar en la Edad Media”, Madrid 2008.
-Fernando López-Ríos Fernández, “Arte y medicina en las misericordias de los coros españoles”, Salamanca 1991.
-Isabel Mateo Gómez, “Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro”, Madrid 1979.
-Juan Ortega Rubio, “Los pueblos de la provincia de Valladolid”, t.II, Valladolid 1895.
- Clemente Sánchez, “Libro de los exemplos por A.B.C.”, (ed. Mª del Mar Gutiérrez Martinez), Valencia 2009.

NOTAS.
-De los tableros que servían de respaldos tan sólo quedan los anclajes de los pilares que los sujetaban. Sus trazas pueden verse en la fotografía adjunta.
-Existe un apoyamanos que no he considerado por creer ha sido realizado en fecha muy posterior a los de los demás estalos.
-Según el “Diccionario de la lengua española” en su 22ª edición se llama “bazofia” a la “comida poco apetitosa”, y también a la “mezcla de …, sobras o desechos de comida”.
-Se denominaban conventos de la “Victoria” ó “Victorios” a los de los de la “Orden de los Mínimos” fundada en Italia en el siglo XV por San Francisco de Paula; la regla de la Orden impone una abstinencia total y perpetua de todo tipo de carne.
-El grabado de la “Celestina” corresponde a parte de la portada de la edición de la “Comedia de Calisto y Melibea” de 1499 impresa en Burgos por Fadrique de Basilea. La obra y sus grabados pueden verse por internet en La Biblioteca Virtual Cervantes o en la Biblioteca Nacional.



lunes, 23 de noviembre de 2015

SILLERÍAS DE CORO (XII)

De la antigua sillería de coro de la colegiata de Talavera de la Reina(Toledo).
(ahora en el Convento de Religiosas Agustinas).
(SEGUNDA PARTE. MISERICORDIAS Y CRESTERÍA.)


En la ciudad de Talavera de la Reina existe una iglesia, que antiguamente fue Colegiata, dedicada a Santa María la Mayor, de la cual se conserva parte de su sillería de coro -de autor desconocido-, y cuya construcción se remonta a la segunda mitad del siglo XV. Entre sus misericordias, una de ellas podría revelar la fuente de inspiración de los entalladores que realizaron estas pequeñas consolas: es unadrôlerie –o extravagancia gótica-, escapada de la decoración marginal (¿un presumible enredado follaje?) de algún salterio medieval. Las drôleries góticas, herederas de las antiguas gryllas grecorromanas –y muchas de ellas constituidas por criaturas a las que se les deformaba o se las sustraía partes del cuerpo-, se emanciparon de la severidad románica de la ornamentación de los manuscritos reapareciendo como unos nuevos y humorísticos monstruos medievales; la drôlerie escondida en una misericordia  talaverana representa a un guerrero-híbrido sentado.
El “monstruo gótico” de la misericordia presenta un escudo redondo sobre la rodilla y sujeta agresivo una amenazadora lanza; la cabeza es humana y el cuerpo redondo de ave, con una larga hoja que cuelga por su espalda a modo de capa. Es un ser divertido al que parece no debe tomársele excesivamente en serio y que está allí tan sólo como entretenimiento del espectador, al igual que ocurría con las gryllas que decoraron los manuscritos de los siglos XIV y XV. Como ejemplo extraigo un puñado de ellos de un manuscrito ilustrado que contiene un florilegio de oraciones del Cantar de los Cantares conservado en la biblioteca de la Universidad de Yale –Ms 404 de la Beinecke Library-, pero podía haber elegido algunos otros muchos de los salterios conservados en la British Library o en la BNF, o en otros manuscritos ya que fueron muy abundantes; estas “drôleries” solían revolotear alrededor de otros personajes con mayor contenido narrativo. 
Las sirenas son doncellas marinas que engañan a los navegantes con su gran belleza y la dulzura de su canto; de la cabeza al ombligo tienen cuerpo de virgen y forma semejante al género humano, pero poseen una escamosa cola de pez, que siempre ocultan en el mar” [“Liber monstruorum de Diversis Generibus”, siglo VIII]; hasta que Aldhelmo de Sherborne (¿) -San Aldhelmo-, las metamorfoseó en seres mitad pez y mitad mujer habían sido durante cerca de un milenio unos híbridos de ave y mujer y quizás antes unos animales aulladores del desierto. En la Edad Media se las asoció a la lujuria y la tentación además de encarnar la falsedad y el engaño. En la antigua sillería de coro de la que fue Colegiata en Talavera de la Reina una sirena de largos cabellos con cola de pez sostiene con las manos un espejo y un peine.
El espejo, atributo de la mujer impura, se consideraba servía para contemplar el rostro de la muerte o el culto al diablo, la cola era un emblema de la prostitución, y el peine alegoría de la seducción femenina. En el arte cristiano medieval las sirenas se utilizaron como símbolo de la tentación encarnada por las mujeres; así, se dice en el manuscrito A del “Bestiario Catalán” (siglo XV): Aquestes serenes podem nós acomparar a les fembres qui [no] són de bona conversació, qui enganen los hòmens, los quals se anamoren d’elles, o per bellesa de cors, o per ullades que elles los fan, o per paraules enginyoses que elles diguen, o en altra manera. E en qualsevol manera que ella engan a l’ome, ell se pot tenir per mort. Axí com diu lo savi: que tot hom qui leix la amor de Déu per la amor de la fembra, pot dir verament que és en mal port arribat; e si per son peccat mor en aquell stament, pot bé saber que serà perdut en cors e en ànima [“Podemos comparar a estas sirenas con las mujeres que tienen buena palabrería, que engañan a los hombres haciendo que se enamoren de ellas, bien sea por la belleza de su cuerpo, por las miradas que les lanzan, por las palabras engañosas que pronuncian, o de otro modo. Y, de cualquier manera en que ella engañe al hombre él puede darse por muerto. Como dice el sabio: que todo hombre que abandona el amor de Dios por el amor de la mujer, puede decir en verdad que ha arribado a mal puerto; y si por sus pecados permanece en aquella situación, bien puede saber que se perderá en cuerpo y alma”, trad. I. Malaxecheverría]. La representación de las sirenas en las misericordias de las sillas de coro es muy abundante; hemos elegido para su comparación con la de Talavera de la Reina una de las dos que aparecen en la sillería de la catedral de Ciudad Rodrigo realizada por Rodrigo Alemán y su taller.
La presencia de las sirenas en los manuscritos iluminados, y en particular en la ilustración de los Bestiarios, fue normal a lo largo del medievo tanto en su tipología de sirena-pájaro (un ejemplo figura en el fol 78 del manuscrito  Ludwig XV 3, de hacia 1270, que se conserva en el J.P. Getty Museum), como en la de sirena-pez (arquetípica podría ser la ilustración de un Bestiario del siglo XV conservado en la Det Kongelige Bibliotek bajo el código GKS 3466 8º). En la iconografía del Románico, en algunos casos, aparecen junto a las sirenas femeninas otras figuras marinas como los tritones –quizás su presencia esté relacionada con su vinculación musical pues se les consideraba músicos-, o los centauros, considerado también  como símbolo de la tentación y de la lujuria.
Los centauros fueron conocidos en la Edad Media por la leyenda romana que cuenta que su origen se debió a la lujuria de Ixion al pretender los amores de Juno, y cuando Júpiter creó una nube con la forma de su mujer y la hizo aparecer ante Ixion que cayó en la trampa; de este amor libidinoso se engendraron los centauros. Por su simbolismo y su plástica estas criaturas aparecen representadas con frecuencia en las sillerías de coro medievales [a continuación se muestra una composición con ejemplares de la catedral de Ciudad Rodrigo, de la exColegiata de Belmonte, y de las catedrales de Plasencia y Zamora].
La iconografía del centauro escenificado en la sillería de Talavera de la Reina es algo diferente de la tradicional: tan sólo dos patas, el rostro vuelto hacia sus traseros, agarrándose el rabo y vestido con el hábito de fraile. El escándalo por el mal comportamiento de los clérigos había alcanzado límites insospechados en los años en que se tallan las misericordias de las sillerías en España por lo que no es de extrañar las sátiras religiosas que aparecen en ellas; ya Alfonso X en “Las Partidas” señalaba p.e. “Que los clérigos no deben morar con las mujeres sospechosas, mager fuesen sus parientas”, y Alonso Martínez de Toledo, más conocido como “Arcipreste de Talavera”, había escrito sobre la vida libertina de una parte del clero: “yo la ví el otro día, aquella que tenéys por fermosa e que tanto alabáis, fablar con un abad … non quiero decir más, que la color quel abad tenía non la avía tomado rezando maytines, nin ella filando al torno”. Las alusiones criticando sus costumbres en los estalos del coro tenían como fin moralizar a los clérigos, por lo que fue habitual su metamorfosis en animales que simbolizaban diversos vicios -entre los que suelen significarse la lujuria o el abuso de la bebida-, e identificando sus hazañas con las de estos.
Probablemente la ubicación de esta misericordia en la sillería no fue donde la vemos ahora sino en el estalo siguiente a aquel en que aparecía la sirena, pues como señala Isabel Mateo refiriéndose a un texto -de la época de realización de la sillería-, de Pérez de Guzmán “Puede ser que vaya errado/en esta mi opinión/ mas toda inútil cuestión/ debe ser muy evitada/ pregunta es demasiada/ si hay centauros y serenas/…” [“Preguntas útiles y discretas”, en “Las setecientas…”].
Un entallador no muy hábil fue el autor de una misericordia en la que figura un animal fantástico mezcla de león y ave; desconocemos que animal trató de representar pero podría ser bien un grifo o bien un león alado. Por su simbolismo –dado que se trata de seres imaginarios cuya función predominante era la metafórica o la moralizante-, es más probable que quisiera representar al primero pero debió emplear como modelo una imagen del evangelista san Marcos acompañado por el león alado o de un Tetramorfos. Al grifo solía considerársele como guardián de tesoros, de bienes apreciados por los hombres, pero su simbología medieval aparece como contradictoria pues se le da tanto la significación del demonio como de Cristo. Según señala Noelia Silva “las citas bíblicas le otorgaban, …, una consideración especial, la de las criaturas de cuya existencia no se puede dudar aunque no se hayan visto, y que eran apropiadas para encarnar un simbolismo religioso y moral”.
En una misericordia de la sillería figura un animal que, retorciéndose sobre sí mismo y con un cuello lleno de bultos, se muerde sus testículos. Cuenta Louis Réau que “la buena fama que se ganó se explica por un calambur con su nombre, que la etimología popular relaciona con “castrado” y “casto””. En la Edad Media el castor fue un animal muy buscado, no sólo por su piel, sino por una secreción –la empleaba para acicalar su pelaje- de utilización medicinal y contenida en sus vesículas pero que se pensaba se albergaba en los testículos. La fábula del castor fue aceptada por casi todos los escritores medievales, por lo que tomamos lo que se dice en “Li Bestiaires d’Amours di Maistre Richart de Fornival”: “El castor es un animal que posee un miembro que encierra una medicina, y al que cazan para apoderarse de tal miembro. Huye tan aprisa como puede; pero cuando ve que ya no puede escapar a la persecución, tiene miedo de que le maten. Y sin embargo, posee por su propia naturaleza tanto juicio, que sabe perfectamente que sólo le persiguen a causa de aquel órgano; aferra, pues, tal miembro con los dientes, lo arranca y lo deja caer en medio del camino; y cuando el cazador lo encuentra, deja ir al castor, pues no se le caza más que por eso”.
Si bien la fábula es similar en casi todos los Bestiarios la moralización es a veces muy distinta, aunque en general convierte al castor en símbolo del hombre que prefiere privarse de lo que más aprecia para evitar el peligro. En España existen varias sillerías de coro que presentan tallas similares; como ejemplo  se muestra en la composición adjunta una misericordia de la catedral de Toledo.
Algunas de las imágenes que protagonizan las misericordias de la segunda mitad del siglo XV son escenas representativas de fábulas esópicas o de cuentos medievales. Eran una forma directa y sencilla de dar lecciones o consejos.  En una de las misericordias de Talavera aparece un hombre que monta sobre un asno mientras sostiene un saco en su espalda. Probablemente responde a una fábula de la que existen multiples variantes; una de ellas dice así: “Un hombre iba una vez con su burro cargado con un saco al mercado cuando al pasar junto a un grupo de gente oyó decir: ¡que vergüenza como carga a su burro!. Entonces el hombre tomó el saco, se lo cargó al hombro y continuó su camino con el burro tras él, hasta que otras personas que le vieron se rieron de él mientras decían: “Que tonto, teniendo un animal de carga y la está llevando él mismo”. Y esta vez con la carga sobre sus hombros se subió al burro y siguió su camino”.
El precepto moral o de conducta que trata de ilustrar podría ser que cualquier cosa que hagas en la vida será criticada no pudiendo agradar a todos porque no todos te van a entender: mantén tus convicciones y no cambies por la crítica de la gente; ese parece ser el consejo de una fábula de La Fontaine bastante similar conocida como “El molinero, el hijo y el asno”. Elaine C. Block, sin embargo, considera que podría divulgar  algún signo de locura campesina. La sillería de coro de la capilla del convento de Religiosas Agustinas de Talavera de la Reina presenta algunas escenas en sus misericordias similares a las conservadas hoy en día en la excolegiata de Belmonte: es el caso del hombre que cargando con un saco al hombre cabalga sobre un asno.
En una misericordia de la sillería de Talavera de la Reina un pescador aparece sentado a la vera de un rio; viste pantalones ajustados y una chaqueta con cortes a los lados. Entre las ondulaciones de las aguas asoma la cabeza de un pez. Si bien la pesca fue un pasatiempo menos practicado que la caza en época medieval tuvo también sus adeptos como parece señalarlo el Marqués de Santillana en sus “Refranes que dicen las viejas tras el fuego”: “Pescador de anzuelo, a su casa va con duelo”; probablemente iba dirigido a aquellos que por no trabajar buscan ejercicio de poco cansancio y escasa utilidad, como sucede al que pesca con caña que puede pasarse horas y horas sin haber obtenido nada. Tampoco es de olvidar el refrán “Pescador de rio y molinero de viento, mala olla y peor testamento”, que hacía referencia a las ocupaciones que dejaban poco dinero.
Una misericordia bastante dañada presenta a un pastor sentado tocando la gaita o una cornamusa frente a unas rocas por donde las ovejas pacen. Isabel Mateo señala que algunos “emblemas” de la época simbolizaban con escenas similares a “aquellos que, lejos de dejarse arrastrar por la ambición, eligen la vida pacífica y humilde”. También podría escenificar tan sólo una escena de la vida diaria en el campo.
A veces el estado en que han llegado hasta nuestros días algunas misericordias hacen difícil esclarecer su significado. Es el caso de una talla en la que para Elaine C. Block un monje arrodillado levanta su vista y pudo haber tenido algo entre sus manos, y en la que Isabel Mateo paree entrever la parte inferior de una espada.
No siempre es el estado de la misericordia lo que hace difícil comprender el significado de la escena representada; el paso de los años con sus cambios culturales complican también su interpretación. Así, en una de ellas figura una escena en la que hay dos hombres vestidos con chaquetas cortas con los brazos en alto y los codos doblados, y entre ellos aparece otro hombre con abrigo largo como indumentaria, las manos entrelazadas y en una ubicación que parece indicarnos que hace de árbitro. En un primer momento la escena nos lleva a pensar en una representación de algún tipo de pelea con los puños, pero en la época en que se realiza la sillería si bien la lucha presentó gran importancia solía ser más del tipo de lucha greco-romana y en las representaciones los hombres suelen aparecer con vestiduras de medio cuerpo o desnudos.
No obstante el Padre Juan de Mariana en su “Tratado contra los juegos públicos” menciona a “los que apuñeándose, tirando o saltando contendían”; extraigo por eso una imagen del manuscrito MS 404 de la Beinecke Library (universidad de Yale) que no difiere en demasía de la imagen de la misericordia de Talavera.
Dos estalos de la sillería presentan en sus misericordias escudos sin talla alguna y adornados con vegetación; uno de ellos figura como colgado de un gancho. Para Isabel Mateo son temas decorativos tan sólo; no obstante suele considerarse a veces que podían aludir a apellidos de personas o a caracteres personales de algunas de las personas que utilizaban las sillas del coro.
Si bien no debió ser muy habitual, los escudos que ahora vemos en blanco en las misericordias de los estalos de Talavera pudieron haber llevado alguna pintura o decoración alusiva al poseedor de la silla. Así, existe una única misericordia en la sillería que aparece policromada; responde a una iconografía bastante habitual en el arte románico y en el gótico que suele conocerse como Green Man. Es una cabeza “pagana”, policromada en forma realista, de cuya boca emerge el follaje que llega a cubrir la parte superior de la cabeza: No obstante el estilo un tanto diferente del de las otras tallas lleva a pensar que no perteneció a la sillería en sus orígenes.
La sillería de Talavera conserva tan sólo 25 estalos de los originales de la Colegiata, adaptados en su disposición al lugar que ahora ocupan. Están complementados por una serie de sillas bajas de estilo moderno como consecuencia de las necesidades de las religiosas que afortunadamente utilizan el coro.
La estructura de los estalos está constituida por un dosel corrido que apoya en sencillas columnas que arrancan de los brazales que delimitan las sillas y coronan en pequeños capiteles. Su crestería, esta adornada por los correspondientes arcos a imitación de los claustros góticos de la época –en este caso arcos florenzados que cobijan otros arcos de variada tipología-, follajes y tracerías caladas propias del siglo XV.
En la base de los pináculos de la crestería que separan cada silla figuran una serie de escudos en cierta manera similares a los que aparecen en dos de las misericordias. Y  las enjutas de los “arcos rectilíneos o angulares” de la crestería están decoradas con una variada fauna de animales fantásticos; desgraciadamente en alguna de las restauraciones de la sillería se pintaron de negro los estalos y los detalles son difíciles de ver.
Abundan los dragones alados de muy variada iconografía, ofidios de fiero aspecto, animales todos de muy difícil descripción; probablemente estas figuras carezcan de simbolismo y su función tan sólo fuese decorativa. Por su aspecto, de tener algún simbolismo sería de consideración demoníaca, de perversión o de maldad.
Y, curiosamente, tan sólo uno de estos monstruos es un híbrido antropomorfo con el hábito de clérigo.
BIBLIOGRAFIA.
-Jurgis Baltrusaitis, “La Edad Media fantástica”, Madrid 1994.
-Elaine C. Block, “Corpus of medieval misericords”, Turnhout (Bélgica) 2004.
-Juan Gabriel López Guix, “Y cantarán las sirenas en aquellos lugares”, C.V.C. 2012.
-Michael Camille, “Image dans les marges. Aux limites de l’art médiéval”, Paris 1997.
-Ignacio Malaxecheverría (ed.), “Bestiario Medieval”, Madrid 1989.
-Isabel  Mateo Gómez, “Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro”, Madrid 1979.
-Dorothy y Henry Kraus, "Las sillerías góticas españolas", Madrid 1984.
-Fernán Pérez de Guzmán, “Las setecientas…” (ed.impresa), Sevilla 1506 [en BNE].
-Louis Réau, “Iconografía del arte cristiano. Introducción general”, Barcelona 2008.
-Laura Rodríguez Peinado, “Las Sirenas”, U.C.M., Madrid 2009.
-Noelia Silva Santa-Cruz, “El grifo”, UCM Madrid 2012.

NOTAS.
-Existe una misericordia realizada no hace muchos años, que no se ha considerado en el texto anterior. Corresponde a una iconografía conocida como “Corazón agustiniano”. El anagrama tallado está compuesto por un corazón llameante atravesado por una flecha y asentado sobre las páginas de un libro abierto: es el elemento identificativo de la Orden agustiniana.
-Isabel Mateo cita en su libro otras dos misericordias que actualmente no existen en la sillería: en una de ellas de ellas se representaría a un “bufón” o “loco” –la historiadora la menciona al tratar de “los locos” como representación de todos los vicios-, y en la otra a algún bebedor abrazado al pellejo de vino. Desconozco si fue alguna confusión de la historiadora o si realmente se ha producida su pérdida en años posteriores a 1979, o las dos cosas.
-Calambur: juego de palabras que consiste en modificar el significado de una palabra agrupando de distinta forma sus sílabas.
-El manuscrito Beinecke Ms 404 es accesible por internet en la web de la Universidad de Yale (USA).
-Mi agradecimiento a las religiosas de la Orden Agustinas de San Ildefonso que me atendieron cuando mi visita a la capilla donde se conserva la sillería de coro. Y no tan sólo por su amabilidad sino por el “mimo” con el que cuidan la sillería; todo un ejemplo.