martes, 13 de septiembre de 2011

SILLERÍAS DE CORO (I)


Sillería del Monasterio de San Benito (Valladolid). (III)
(TERCERA PARTE)
3. MISERICORDIAS.

 El Diccionario de la Lengua Española, en su vigesima segunda edición, asigna a la palabra “misericordia” cinco acepciones, de las que la quinta es “Porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna”. En la austeridad del universo monástico eso podía significar un vaso de leche en verano, una manta suplementaria en invierno, o incluso, durante los interminables oficios divinos a los que se sometían los clérigos, el permiso para sentarse algún rato sobre una pequeña cartela o mensula. A esta pequeña cartela se la llama misericordia.


La segunda acepción del Diccionario de la Lengua Española la define literalmente como: “Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie”. Anclada a la parte inferior de su asiento abatible, permitía a los clérigos, cuando el asiento estaba levantado y el clérigo aparentemente de pie, apoyarse discretamente sobre él.


 Se ignora, con exactitud, el lugar y la fecha en que la misericordia hizo su aparición. Todo lo que puede decirse es que su origen está ligado a los oficios divinos que, con sus horas interminables, tejían el tiempo de todas las comunidades religiosas en la Edad Media. Estos servicios eran realizados por los monjes o los sacerdotes en el aislamiento del coro y se subdividían en siete horas canónicas.


 Si el marco rígido del horario variaba de un lugar a otro, su caracter repetitivo, -el que hace  destilar el agotamiento-, era común a todos. Que el recurso a un alivio tan inocente como el de la misericordia haya podido arrastrar una polémica tan tumultuosa es un signo característico del pensamiento medieval. Sin embargo, el punto de vista más humano es el que ha prevalecido.


 Durante un milenio los servidores de Dios habían rezado de pie, posición que fue considerada como la única que convenía a la misa. En un momento dado, en el transcurso del siglo XI, Europa occidental adoptó una costumbre que consistió en sentarse algún rato durante el servicio divino; esta constumbre fue objeto de una ruidosa polémica. La hostilidad desplegada con las misericordias fue tal que se necesitaron varios siglos para que se produjera su total aceptación.


 El primitivo listón de madera, que eran originalmente las misericordias, fue evolucionando al mismo tiempo que disminuían las críticas a su uso, y con el aumento de tamaño comenzó a decorarse.


 La fecha exacta en que comenzaron a esculpirse las misericordias se desconoce tambien. Pero puede suponerse que, contaminados por el horror general de la Edad Media hacia las superficies desnudas, los escultores debieron acariciar pronto la idea de tallar este trozo de madera. Puede que incluso los eclesiásticos lo favoreciesen para tratar de camuflar el sentido y función de esta pieza de madera. Lo que si parece poder afirmarse es que estas esculturas pertenecieron siempre al ámbito de la libre expresión y de la imaginación de los artesanos que las labraban, al igual que se aceptaban unas hojas en un bajorelieve decorativo o una “drolerie” en los márgenes de un manuscrito.


 Las primeras misericordias eran esculturas rudimentarias que representaban un motivo geométrico o una hoja estilizada. Luego se fueron diversificando los temas, integrando cabezas de animales, máscaras, y continuandose con temas cada vez más cuidados. Tan sólo la utilización de personajes sagrados para la cristiandad estaban prohibidos en esta parte inferior de los asientos, porque a los clérigos les era dificil de aceptar la idea de que la parte posterior de su tronco estuviese en contacto con la Virgen, Cristo o los Apóstoles. Esto explica la causa por la que obras con un acento profano se apoderase de las misericordias.


 El éxito en el siglo XIV de las ordenes mendicantes, y su hostilidad con los grupos establecidos puede explicar la frecuencia de escenas antimonásticas en las misericordias de las catedrales y otras iglesias seculares. En el Tardogótico los temas tratados en las misericordias tocan todos los aspectos de la vida cotidiana en la Edad Media, destacando los artistas flamencos en estos asuntos.


 Con la llegada del Renacimiento volvieron las máscaras, monstruos o temas vegetales pero tratados con mayor cuidado y finura en la talla.


 En España la aparición de las misericordias historiadas es bastante tardía; a partir del siglo XIV, cuando ya estaban plenamente aceptadas en Europa, pues durante el gótico inicial no se vivía un tiempo de construcción de catedrales sino un tiempo de guerra al estar la mitad sur dominada por los árabes y al no necesitarse en las mezquitas las sillerías de coro. El último tercio del siglo XV vió el crecimiento de un gran número de sillerías de coro sin decoración figurativa tallada en las misericordias.


 Un personaje característico en las misericordias de la sillería de San Benito es una representación misteriosa muy querida en paises anglosajones y conocida como “The Green Man”, “El hombre verde” o "El hombre de la primavera". Son cabezas foliadas a las que por su carácter mágico se les atribuía el poder de alejar el mal o propiciar el bien y cuyo nombre medieval se desconoce; representaciones mitad hombres, mitad bestias, de las que no existen dos idénticas. Entre las medievales más antiguas, -con los etruscos y en el mundo romano no resultaban infrecuentes-, suele citarse la que aparece en uno de los cuadernos de Villard d’Honnecourt, a las que denomina “Cabezas de hojas”. 


Otros tipos característicos de “green men” son los representados por verdaderas máscaras que arrojan dos haces de caulículos por su boca y en ocasiones por su ojos y nariz. La sillería de San Benito presenta una buena serie, sin que podamos intuir su significado si es que lo tenía (¿símbolo de la fertilidad?, ¿símbolo de la muerte?), pues la cultura del Renacimiento estuvo muy influida por la convicción humanista que planteaba una vuelta a la antiguedad.



BIBLIOGRAFÍA.

-Manuel Arias Martínez, “Sillería de San Benito el Real”, ficha nº 26 del Catálogo de la colección del Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid 2009.
-Elaine C. Block, “Corpus of Medieval Misericords. Iberia”, Bélgica 2004.
-Dorothy y Henry Kraus, “Le monde caché des miséricordes”, Paris 1986.
-Isabel Mateo Gómez, Temas profanos en la Escultura Gótica Española. Las sillerías de coro”, Madrid 1979.
-Luis Rodriguez Martínez, “Historia del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid”, Valladolid 1981.
-Mª Dolores Teijeira Pablos, “Las sillerías de coro en la escultura tardogótica española. El grupo leones”, León 1999.
-Ernesto Zaragoza Pascual, “La sillería de San Benito el Real de Valladolid”, en “Nova et Vetera”, nº 19, 1985.


NOTA:
Hasta los mejores calígrafos producen algún borrón.
En la silleria de San Benito, en uno de los estalos más vistos (la primera silla baja lado Evangelio) la misericordia no le pertenece. Se ve que en algún traslado ,-pensemos lo mejor-, debió estropearse el asiento y a alguien se le ocurrió sustituirlo por uno realizado casi dos siglos después; al fin y al cabo, también era de una sillería, -la del convento de San Francisco-, y tambien se guardaba en el Museo, y hasta podían parecerse. 
(cont.)

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