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viernes, 8 de marzo de 2013

SILLERÍAS DE CORO (VI)


La sillería de coro del convento de San Marcos (Léon). 
Misericordias y Crosas.
CUARTA Y ÚLTIMA PARTE.                              


En la llamada "Historia Silense" -escrita hacia 1115 en el monasterio de San Juan y San Pelayo de León-, cuando se narra el reinado de Fernando I se dice que Coimbra cayó en su poder gracias a la intercesión de Santiago en cuyo templo compostelano había estado rezando el rey en el año de 1064. Cuenta la "Historia Silense" un milagro ocurrido con cierto peregrino griego, que había llegado de Jerusalén. Situado a la puerta del templo y -"como ya poseyese un poco nuestro lenguaje"-, oía con frecuencia como los fieles pedían a Santiago su intercesión en su condición de guerrero; el peregrino se extrañaba, pues el Apóstol nunca había sido caballero. Por la noche, en sueños, se le apareció Santiago que le reprochó por sus dudas acerca de su carácter militar, y a continuación le vio montado sobre un espléndido caballo de gran alzada con las llaves de la ciudad de Coimbra; a la mañana siguiente se las entregó al rey Fernando que se adueñó entonces de la ciudad. Ante la milagrosa aparición del Apóstol y su intervención en la batalla, el rey se dirigió a Compostela para dar las gracias al Santo; fue esta la primera aparición de Santiago como guerrero y sería importante por el auge que tomó la caballería poco antes de finalizar el siglo X.
Años después, hacia 1140, cuando el "codex Calixtinus" fue depositado en la catedral compostelana, en el libro segundo se recogía el milagro de la toma de Coimbra, con la diferencia de que el anónimo peregrino griego se llamaba Esteban y además era obispo.
La Orden de Santiago, a la que se afilió San Marcos de León, era una orden militar fundada en Cáceres en 1170 por Fernando II de León para defender esta ciudad de los musulmanes; su primer maestre incorporó a ella a los canónigos regulares del convento de Loyo (Lugo), quedando así unidos, bajo la misma regla y obediencia a igual maestre, freyles legos -que habían de combatir como caballeros-, y frailes clérigos que se encargarían de los servicios religiosos; en 1493, tras la muerte del maestre Alonso de Cárdenas, Fernando el Católico sería reconocido como Gran Maestre incorporando la orden a la Corona. Como referencia a su patrocinio de la sillería y expresión de su poder, algunas crosas y misericordias muestran el emblema de la orden -la Cruz de Santiago-, o la concha venera característica de los peregrinos del Camino de Santiago.
[La paternidad de las crosas suele atribuirse a Guillén Doncel o a su taller en razón de sus rasgos formales y de su estilo: musculaturas poco reales pero marcadas, contorsión del cuerpo, etc; sin embargo, se piensa que detrás de la iconografía profana de la sillería de coro de San Marcos hubo un autor intelectual, un personaje erudito del que se desconoce su nombre]
En la misericordia de la silla prioral dos figuras humanas vegetalizadas sujetan una cartela con la cruz de Santiago sobre el león alado de San Marcos emblema del convento; encima de la cartela aparece la concha de vieira o concha venera de los peregrinos. Conviene recordar que el convento de San Marcos era un monasterio propietario, fundado y dotado por Suero Rodríguez y otros caballeros leoneses, con objeto de defender el paso del puente sobre el río Bernesga en León y atender material y espiritualmente a los pobres y peregrinos que buscaban cobijo en el hospital del convento.
La misericordia de la silla central de los estalos bajos presenta el escudo con la Cruz de Santiago sostenido por dos curiosos putti y sobre él aparece el capelo episcopal. Esto último quizás merezca un comentario: A la cabeza de la Orden como superior general figuraba el Maestre Mayor, y la segunda dignidad en jerarquía era el Prior Mayor alma de las iglesias de su territorio que por concesión apostólica usaba mitra, báculo y otras insignias obispales; en la Orden se le denominaba Obispo-Prior y en las bulas confirmatorias se expresaba la exención de las diócesis que presidían estos priores en relación al Obispo ordinario. De aquí las características de este escudo.
La interpretación de la presencia en la sillería de la concha marina llamada "venera" simplemente por ser característica de los peregrinos del Camino de Santiago no es admitida sin discusión. Así, algunos recuerdan que la concha de la vieira se empleaba con frecuencia para verter el agua bendita en el rito del bautismo sobre la cabeza del bautizado; y tal como por el bautismo el creyente accede al camino de la salvación, la venera podría simbolizar el inicio del proceso espiritual de acceso a la inmortalidad del alma. Otros, en cambio, la relacionan con razones de tipo mitológico muy consideradas en el Renacimiento; recuerdan que la venera está asociada a la diosa Venus: Venus emerge de las olas del mar y es transportada erguida, de pie, sobre una concha hacia la costa de Citera  por el empuje de los céfiros.
Los antiguos romanos contaban entre su abundante panteón de dioses con la figura de Janus, dios de los inicios y de los finales; por eso le fue consagrado el primer mes del año ("Januarius"). Su iconografía más destacada le representaba con dos rostros -de ahí que se le conozca como Jano bifronte-, cada una de ellos mirando en sentidos opuestos: uno mira hacia el pasado, el otro hacia el futuro. Pero, como dice Cirlot "se trata de dos rostros que impiden advertir el verdadero (central), el del "eterno presente". Por eso muchos pueblos, ..., crearon símbolos similares, pero con tres rostros".
Platón describió en "La República" cuatro virtudes principales -las "Virtudes Cardinales" de la teología católica,- modelos de conducta que disponen la voluntad y el entendimiento para obrar según la razón; tienen como objeto el desarrollo de una conducta buena y honesta. Fueron representadas con frecuencia en el arte con la imagen de vírgenes guerreras que luchaban contra los vicios. La Prudencia, p.e., se encarnó, a veces, por una mujer que tenía dos caras, como Jano; simbolizaban la capacidad de considerar tanto las cosas pasadas como las futuras.
Para Ana Ávila "el concepto de Prudencia constituyó uno de los tópicos de la cultura renacentista". Un emblema de tradición clásica conecta la idea de la Prudencia con los conceptos de la "memoria" (ligada al pasado), la "Inteligencia" ( relativa al presente) y la "previsión" (que nos relaciona con el futuro),y que parte del tratado filosófico "De officiis" de Cicerón.
Más perturbadora puede ser la talla de una misericordia que nos presenta también tres cabezas enlazadas siendo en realidad la primera y la última dos calaveras. Quizás quisiera representar la locución latina "Memento mori" (o "recuerda que morirás"): se decía que -en la Roma antigua-, cuando la ceremonia triunfal de un general victorioso por las calles de Roma era seguido por un sirviente que le recordaba que a pesar de su éxito de hoy la mañana siguiente era otro día.
La anterior misericordia quizás también quisiese recordar a los canónigos de la Orden de Santiago que eran mortales así como la vanidad de sus actividades o de sus intereses terrestres: "¡Respice post te!. ¡Hominem te esse memento!"  ("¡Mira detrás de ti!. ¡Recuerda que eres un hombre!").
En una de las misericordias del coro de san Marcos figura un cesto de frutas sobre una pequeña cabeza. La base literaria que permite comprender su iconografía podría ser la del episodio del "Juicio de Paris" recogido por varios autores clásicos. Según la mitología, la diosa de la Discordia le entregó a Júpiter una manzana de oro exigiéndole se la concediese a la que considerase como más bella de las tres diosas Juno, Minerva o Venus. Júpiter al entender los peligros de la tarea le envió la manzana a un hijo del rey de Troya llamado Paris para que hiciese la elección. Minerva le ofreció el éxito en la guerra si era la elegida, Juno le prometió la grandeza; la ganadora, Venus -como diosa de la belleza y del amor que era-, le entregó a Paris el amor de la más bella mujer del mundo. La manzana quedó así establecida como símbolo del amor.
Frutas recogidas en cestos, aparecen en varias misericordias de la sillería. Su presencia obedece a su relación con episodios mitológicos de carácter amoroso, y para García Álvarez también por "su relación con el pensamiento neoplatónico, que se apropió de ella para convertirla en un vehículo visual que condensaba conceptos elevados".
El mismo autor relaciona la simbología del cesto de frutas con la escena que describe Filostrato el Viejo en su obra "Imágenes" en la que narra un instante en el jardín de Venus durante el que los putti recolectan frutos de los árboles y los recogen en cestos para ofrendárselos a la diosa Venus en el templo que esta posee en su jardín.
El origen del motivo del cuerno con frutas se encuentra también en el universo mitológico asimilado en el Renacimiento de la Antigüedad grecorromana como ya se vio en un post anterior al tratar de la cornucopia. Una misericordia de la sillería de coro de San Marcos nos muestra a tres cuernos con frutas enlazados.
Los animales siempre habían sido objeto de representación y en el Renacimiento no dejaron de serlo; quizás tomó más fuerza su valor decorativo pero no por eso renunciaron a ocultar tras de ellos algunas ideas. Las aves, p.e., dado su valor ornamental fueron muy reproducidas, como nos muestra el fragmento adjunto de un grabado de Agostino Veneziano
Una imagen similar nos la encontramos en una de las misericordias en la que, como era frecuente sus extremidades se han vegetalizado. Pero no por eso desaparecen representaciones naturalistas más típicas del período anterior, como es el caso de la misericordia que presenta a un murciélago.
A pesar de su función fundamentalmente estética, los animales no perdieron el ser portadores de un simbolismo particular. Al león, p.e., se le dotaba de un doble simbolismo; con frecuencia presentaba connotaciones positivas pues podía simbolizar la fortaleza de espíritu y otras veces, considerando su fuerza física y su orgullo, se le utilizaba para simbolizar la brutalidad, los instintos primitivos.
En la decoración renacentista los animales con frecuencia se presentan adulterados con otras especies como las del mundo vegetal; es el caso de la misericordia de la sillería que nos presenta un torso de caballo sobre una concha en hibridación con formas vegetales. En el Renacimiento a la representación del caballo se la interpretaba como símbolo del alma sin purificar.
La forma aislada de la cabeza del caballo en ocasiones se acompañaba de un par de alas. En la tradición simbólica del Renacimiento se le consideraba entonces como el alma purificada que emprende su ascenso desde el mundo de la materia a la región celestial (García Álvarez dixit).
El prótomo de carnero -representación en alto relieve de la cabeza o busto de un animal- se utilizó con frecuencia en el Renacimiento, pues su simbolismo deriva, en gran parte, del mundo mitológico; se le asociaba a la constelación de Aries, signo astrológico que marca la aparición de la primavera.
En una misericordia de la sillería se representa la cabeza de un toro; su significado simbólico ha sido variado y complejo dependiendo mucho de la cultura; en el Renacimiento su utilización por parte de los artistas se basó fundamentalmente en el estudio de textos mitológicos o alegóricos de la Antigüedad.
Claro que también la inspiración pudo ser cualquiera de la gran cantidad de grabados que comenzaron a circular entre los artistas como el de Agostino Musi, también conocido como Agostino Veneziano, y del que se presenta un fragmento tomado de un libro de grutescos.
Para Ana Ávila los elementos decorativos en el Renacimiento -y en particular los grutescos -, desempeñaban una función que excedía de lo ornamental y anecdótico siendo portadores de significado; para otros historiadores de arte, en cambio, su función era simplemente decorativa. Así una composición -con la estructura de un fragmento de un panel de grutescos-,como la que presenta una misericordia de la sillería alta del coro de San Marcos permite variadas interpretaciones
Quizás sea interesante recordar que entre los bienes que tras su muerte dejó Juan de Juni -autor principal de la sillería-, entre los "papeles e libros de estampas contenidos en el ynventario que no se vendieron ni tasaron ..." figuraba "otro libro de brutescos (grutescos)". Es probable que algunos hubieran servido como inspiración de ciertos temas reflejados en las sillas de coro del convento de San Marcos.

BIBLIOGRAFÍA.

-Ana Ávila, "Imágenes y símbolos", "Anthropos", Barcelona 1993.
-Manuel Arias Martínez, "La Sillería del Coro de San Marcos de León. Museo de León. Guía breve", Valladolid 1995.
- Manuel Arias Martínez, "La sillería de la casa santiaguista de San Marcos de León en el panorama de las sillerías hispanas de su tiempo", Astórica nº, 28, Astorga 2009.
-Juan Eduardo Cirlot, "Diccionario de símbolos", Ed. Siruela, Madrid 2011.
-Mª Antonia Fernández del Hoyo, "Juan de Juni, escultor", Valladolid 2012.
-César García Álvarez, "El simbolismo del grutesco renacentista", León 2001.
-Manuel Gómez Moreno, "Catálogo Monumental. Provincia de León (1906-1908)", Madrid 1925.
-F. Llamazares Rodríguez, "San Marcos de León. Esplendor del primer Renacimiento", León 1996.
- Juan José Martín González,  "La sillería de San Marcos de León", Revista Goya, nº 29, Madrid 1959.
-Pedro Navascués Palacio, "El coro y la arquitectura de la catedral. El caso de León", Ávila 1994.
-Arantzazu Oricheta García, "La influencia de las sillerías corales francesas del siglo XVI en el conjunto coral de San Marcos de León", BMICA LXII, Zaragoza 1995.
-Arantzazu Oricheta García, "Grabados alemanes y flamencos: los modelos de Juan de Juni y su escuela en León", Madrid 1996.
-Arantzazu Oricheta García, "La sillería coral del Convento de San Marcos de León", León 1997.
-Santiago Sebastián, "Mensaje simbólico del arte medieval", Madrid 2009.






martes, 26 de febrero de 2013

SILLERÍAS DE CORO (VI)


La sillería de coro del convento de San Marcos (León). 
Misericordias y Crosas.
TERCERA PARTE.                                    


"La imprecación que pronunciaban sobre la cabeza era así:
Si debe llegar alguna desgracia a los que ofrecen este sacrificio o a todo Egipto, que el mal sea desviado y caiga sobre esta cabeza".
                                                               [Herodoto, libro II, cap. XXXIX ]

En los primeros tiempos de la humanidad, alrededor de los lugares sagrados, se habrían consagrado los restos de las víctimas inmoladas; y sus cráneos, después de disecados, se situarían en las paredes, puertas y otros lugares relativos a los sacrificios.
Los triunfadores romanos solían ofrecer a Júpiter dos bueyes blancos nacidos en la Umbría (cuando los bueyes no eran enteramente blancos se les terminaba de blanquear con creta). Después se adornaban las metopas de los templos con las cabezas de los bueyes inmolados; surgió de aquí el decorar los altares con el cráneo de estos animales. A este "motivo decorativo que proviene de la figura residual de la cabeza del buey o toro en los antiguos sacrificios verificados mediante el fuego" se le conoce como "Bucráneo" (Cirlot).
La utilización de imágenes de osamentas de animales -normalmente toros y cabras-, fue uno de los motivos ornamentales más utilizados durante el Renacimiento; a veces figuran con otros elementos decorativos, y quizás simbólicos, como cintas, guirnaldas, cartelas, e incluso pueden aparecer dotados de alas.
El "bucráneo" se considera implantado definitivamente en el arte con la construcción en Roma del "Altar de la Paz"; la representación de la calavera del animal en altorrelieve sustituyó a su imagen completa como forma de señalar que el sacrificio había sido realizado. Y según García Álvarez "su finalidad artística debe entenderse en relación con conceptos religiosos y alegóricos específicamente romanos".
Con la nueva interpretación, tras el levantamiento del "Ara Pacis",  el origen religioso del bucráneo -que derivaba del sacrificio de animales cuya sangre era una ofrenda particularmente apreciada por muchos dioses-, cambió para convertirse en símbolo de la paz con los dioses.
Cuando llegó el Renacimiento los artistas estudiaron los sarcófagos romanos que reproducían bucráneos de todo tipo, y estos pasaron a ser empleados como elementos decorativos con múltiples variantes (fusión con mascarones, grutescos renacentistas, etc).
En el Renacimiento, -quizás en parte al desconocerse el contexto religioso del que le dotó la religión romana-, el simbolismo del bucráneo fue ubicado alrededor del concepto de la muerte, y así su empleo se situó en especial en la escultura funeraria. El hecho de que, a veces aparezca alado, le enlaza simbólicamente con el caso de la calavera.
La calavera -"emblema de la caducidad de la existencia" (Cirlot)-, tras el drama que supuso la Peste Negra y la consecuente obsesión por la muerte, fue un motivo ornamental muy utilizado durante el Renacimiento en España especialmente en la escultura funeraria.
La meditación sobre la muerte se convirtió en un tema específicamente cristiano, dado que la muerte es la condición previa de una vida ulterior. Para García Álvarez la calavera alada "representa la ascensión universal del alma purificada, un misterio neoplatónico".
Con la llegada del Renacimiento la calavera se colocó al servicio de un discurso humanista, de una concepción mistérica y mística. Para Marsilio Ficino, sacerdote y filósofo renacentista -artífice del resurgimiento del neoplatonismo-, el alma está dotada, de modo innato, de dos alas con las que puede emprender el vuelo hacia la lejanía del cosmos; las alas de las que aparecen dotadas las calaveras de las misericordias de la sillería de coro de San Marcos podría remitir a esa idea.
En 1499 se publicó,  uno de los más curiosos libros del Renacimiento,  el "Sueño de Polifilo (discurso del)" o "Hypn-eroto-machia Poliphili" con un grupo importante de 172 xilografías. Polifilo significa "el que ama a Polia", protagonista de la historia, cuyo nombre significa "varias cosas"; Polifilo es, por tanto, el que tiene muchos objetos de amor. La dificultad de su lectura (incluso, hoy en día, no existe una completa interpretación de la obra), la referencia permanente a los cultos paganos, las metáforas eróticas, no impidieron su éxito. A la vista de algunos de los grabados del libro -con bucráneos, seres vegetalizados, putti, cornucopias, etc- da la impresión que el autor material o intelectual de la sillería de San Marcos tuvo conocimiento de ellos. Así, el grabado de una "Figura de mujer", p.e.,
podría haber inspirado la talla de una de las misericordia de las sillas altas del coro de San Marcos y que forma parte de un grupo de cinco que Arantzazu Oricheta agrupa bajo la denominación de "Personajes populares".
O el del dios Jupiter  que en el grabado del libro aparece sentado en su trono y sosteniendo en su mano una cartela donde había escrito la palabra NEMO.
Se considera que el autor de la obra fue el arquitecto Francesco Colonna; disponía de le erudición necesaria para ser capaz de redactar un texto tan ecléctico y su formación le capacitaba para realizar las descripciones detalladas de las construcciones arquitectónicas que va contando Polifilo, pues curiosamente muchas de las páginas del libro están dedicadas a la explicación más que minuciosa de los edificios que encuentra en su camino.
Para Manuel Arias "Las misericordias, ..., son un pretexto para dar rienda suelta a un mundo fantástico de formas ... aunque en algunos casos se hagan concesiones a temas heredados de ese tiempo anterior representando a un bufón, ...".
El mismo escritor propone "ciertas vinculaciones formales con sillerías del sur de Francia, con las que se conservan en las catedrales de Auch y Saint Bertrand de Comminges, como productos de una cultura común". Mathilde Villotte en su tesis de doctorado sobre ellas escribía las siguientes conclusiones: "[El Renacimiento] ... tuvo por efecto evidente suscitar, a medida de su "descubrimiento" de la antigüedad, un variado conjunto de estilos. Llevó, en la composición, a cierto tipo de desorden, a una falta de unidad, durante una cincuentena de años, lo que no se había producido nunca en la época puramente gótica, a pesar del internacionalismo de los talleres".
"El Renacimiento desacreditó el arte cristiano patético y mató la tradición oriental de los monstruos; redujo rápidamente la Teología al mínimo en la decoración de los estalos. Introdujo en el arte religioso, bajo pretesto de comparación con sujetos bíblicos, sujetos paganos y antiguos", resumen a grandes rasgos, que hace M. Villotte y que quizás también podría ser aplicable a la sillería del coro de San Marcos.

BIBLIOGRAFÍA.

-Ana Ávila, "Imágenes y símbolos", "Anthropos", Barcelona 1993.
-Manuel Arias Martínez, "La Sillería del Coro de San Marcos de León. Museo de León. Guía breve", Valladolid 1995.
-Manuel Arias Martínez, "La sillería de la casa santiaguista de San Marcos de León en el panorama de las sillerías hispanas de su tiempo", Astórica nº, 28, Astorga 2009.
-Juan Eduardo Cirlot, "Diccionario de símbolos", Ed. Siruela, Madrid 2011.
-Mª Antonia Fernández del Hoyo, "Juan de Juni, escultor", Valladolid 2012.
-César García Álvarez, "El simbolismo del grutesco renacentista", León 2001.
-Manuel Gómez Moreno, "Catálogo Monumental. Provincia de León (1906-1908)", Madrid 1925.
-F. Llamazares Rodríguez, "San Marcos de León. Esplendor del primer Renacimiento", León 1996.
- Juan José Martín González,  "La sillería de San Marcos de León", Revista Goya, nº 29, Madrid 1959.
-Pedro Navascués Palacio, "El coro y la arquitectura de la catedral. El caso de León", Ávila 1994.
-Arantzazu Oricheta García, "La influencia de las sillerías corales francesas del siglo XVI en el conjunto coral de San Marcos de León", BMICA LXII, Zaragoza 1995.
-Arantzazu Oricheta García, "Grabados alemanes y flamencos: los modelos de Juan de Juni y su escuela en León", Madrid 1996.
-Arantzazu Oricheta García, "La sillería coral del Convento de San Marcos de León", León 1997.
-Jules Passepont, "Étude des Ornements", Paris 1894.
-Mathilde Villotte, "La Renaissance et un groupe de stalles du Midi", Lille 1930.


sábado, 16 de febrero de 2013

SILLERÍAS DE CORO (VI)


La sillería de coro del convento de San Marcos (León). 
Misericordias y Crosas.
SEGUNDA PARTE.      

                       
En la mitología romana Júpiter fue entregado al cuidado de las ninfas quienes le alimentaron con la leche de la cabra Amaltea. Un día, jugando, Júpiter le arrancó uno de los cuernos a la cabra y se lo regaló a la ninfa que había ejercido de nodriza, concediéndole la propiedad de estar siempre lleno de dones y riquezas. Como agradecimiento Júpiter colocó a Amaltea entre las estrellas convirtiéndola en la constelación de Capricornio. [Ovidio, "Fastos", Lib. V]
Otra versión del origen del cuerno de la abundancia refiere que la cabra Amaltea crió a Zeus [su equivalente en la mitología romana era Júpiter] con su leche y que mientras jugaba con ella un día, de niño, rompió -sin querer-, uno de los cuernos de la cabra. Para compensarla, el cuerno roto le confirió poder para que, a quien lo poseyera, se le concediera todo lo que desease. De ahí surgió la leyenda de la cornucopia.
Una tercera versión del origen de la cornucopia es descrita también por Ovidio en las "Metamorfosis". Según ella, "Hércules entró en pugna con el dios río Aqueloo, a quien logró vencer tras dos transformaciones de este en serpiente y toro. Hércules le arrancó uno de los cuernos, el cual, recogido por las Náyades, fue llenado de flores y frutos dando origen al cuerno de la abundancia". [Ovidio, "Metamorfosis", Lib. IX]
Las cornucopias eran -al proceder de la cabra Amaltea o ser la que Hércules consiguió en su lucha con Aqueloo-, símbolo de la prosperidad, de la abundancia inagotable e imagen de las recompensas del Paraíso. También se las consideraba atributo de la felicidad, la hospitalidad o la caridad.
Su forma la proporciona un gran valor decorativo. Cuando van asociadas a la decoración grutesca brotan de tallos, y en las crosas de San Marcos lo hacen del capitel que remata  la columna que la adosa a la estructura de la sillería.
Todas las crosas de la sillería de coro de San Marcos responden a un esquema común; de una parte un gran tallo vegetal que se transforma en una cornucopia repleta de frutos y con diversos seres sobre ella. Bajo la cornucopia, una figura masculina apoyada en la columna y que lleva en la mano a veces un escudo santiaguista. Y encima, ya en los extremos del atril de las sillas altas que termina en las escalerillas, unas esculturas con motivos mitológicos o en las que figuran caballos y que aluden a la inmortalidad o  se relacionan con el espíritu caballeresco de la Orden de Santiago.
El motivo de los putti no es exclusivo en San Marcos de las crosas; figuran también con profusión en misericordias o en apoyamanos. Algunos hacen clara alusión a la peregrinación a Santiago origen de la Orden.
Otras veces los putti se acompañan de frutos y flores. La mitología les asignó el papel de servidores de Venus o de su hijo Cupido; por eso en ocasiones figuran junto a cestos de frutas - en particular manzanas-, o guirnaldas. Uno de los textos mitológicos clásicos al respecto es "Imágenes" de Filóstrato el Viejo; según él los putti jugaban en el jardín de Venus y recogían manzanas para ofrendárselas a la diosa del amor.
En las misericordias de San Marcos no sólo figuran los putti ápteros sino que algunos portan alas; este hecho, al ser un atributo propio de los ángeles, les hace participar de una naturaleza sobrenatural. Los putti son un motivo habitual en la decoración durante el Renacimiento. Se considera a Donatello como su "inventor" moderno manipulando un motivo pagano con fines cristianos. Entre las actividades de los putti en sus representaciones está la de sostener un escudo, una cartela o una guirnalda, denominándoseles entonces putti portaemblemas.
Otro de los motivos frecuentes en la decoración del Renacimiento es el de las cabezas de angelotes entre alas desplegadas. Se trata de la representación de espíritus celestes conocidos habitualmente como "Querubines". Como recurso simbólico se emplean para expresar la omnipresencia de lo divino en la Tierra.
Las cabezas aladas de los Querubines también figurarán en la decoración "grutesca", aunque se trate de un motivo que al menos aparentemente se oponga a las fantasías de ese género ornamental.
Según el Pseudo Dionisio Areopagita, en su tratado "Sobre la jerarquía celestial", los "Querubines" junto con los Serafines y los Tronos formaban las categorías de ángeles de mayor rango jerárquico; mantenían la mayor cercanía a Dios, componiendo el coro angélico que rodeaba directamente a la divinidad.
Quizás parte del éxito que alcanzó el motivo iconográfico del Querubín durante el Renacimiento se debiese a ser una iconografía de conciliación, que armonizaba "cristianismo y paganismo, teología y exégesis mitológica" en palabras de García Álvarez, y todo ello -sin olvidar-, su función simplemente ornamental y que permitía ser empleado como series de cabecitas enlazadas por los extremos de las alas.
Entre los temas que resurgen gracias al conocimiento del mundo clásico, helenístico y romano, figura el de los seres bífidos. Los artistas del Renacimiento manipulaban a la figura humana normalmente para darla un valor decorativo, pero también a veces simbólico. Como fuente literaria de inspiración destaca el uso de las "Metamorfosis" de Ovidio.
La formación de figuras híbridas con elementos propios del reino vegetal gozó de un amplio desarrollo durante la Edad Media  aunque ya en Grecia o en culturas como la etrusca no eran infrecuentes. En la sillería de San Marcos algunas de las variantes parecen deberse más al dominio  de la talla e imaginación del artista que a modelos preestablecidos.
Su creación se hace mediante la fusión de dos elementos iconográficos procedentes de otros preexistentes, ya que permite concebir múltiples combinaciones de híbridos aislados. La mayor parte de los historiadores de arte creen que son consecuencia de necesidades plásticas tan sólo pero hay historiadores que imaginan se deben también a necesidades simbólicas.
Las figuras híbridas se obtienen habitualmente de la fusión de partes de un ser antropomorfo y partes de un animal o bien de la fusión de un ser antropomorfo y un vegetal. En el primer caso tenemos seres fantásticos, presentes en los relatos mitológicos de la Antigüedad (sirenas, centauros, etc); en el segundo caso los seres fantásticos que se crean no poseen una referencia explícita en la mitología.
Los seres híbridos  resultantes de la fusión de partes de un ser antropomorfo y un vegetal suelen poseer la cabeza y parte del torso del animal o persona humana y las extremidades inferiores (y a veces las superiores, o al menos parte) del vegetal. Es frecuente se les acompañe con cartelas, veneras, jarras, etc como en algunos casos de la sillería de coro de San Marcos.
La mecánica de la creación de seres híbridos se vio reforzada en el Renacimiento con la exhumación de los grutescos que decoraban la "Domus Aurea" en las ruinas romanas. Aquellos artistas renacentistas crearon a partir de allí múltiples combinaciones de seres u objetos produciendo un repertorio de híbridos que carecía de precedente; su encuentro con el neoplatonismo dotó a algunos de un contenido simbólico.
Dentro del repertorio de seres bífidos la "figura humana vegetalizada" -tronco humano con las extremidades convertidas en vegetales-, es bastante habitual, en una u otra variedad, en grabados italianos de paneles ornamentales como los de Giovanni Antonio da Brescia y Marco da Ravenna. No debemos olvidar que uno de los creadores de la sillería de San Marcos fue Juan de Juni que disponía de una buena colección de grabados.
¿Y quienes fueron los autores de la sillería?. La sillería fue realizada por un grupo de artistas procedentes de Francia que incorporaron en su trabajo aportaciones españolas e italianas. A pesar de la carencia de una documentación que demuestre indiscutiblemente la autoría de Juan de Juni razones estilísticas e indirectas llevaron a Juan José Martín Gonzalez a considerarle como su artífice. A su lado trabajaron, como era habitual dado el tamaño de la obra, diversos maestros.
Juan de Juni debió ser quien contrató la obra -probablemente trabajó en ella entre 1533 y 1538, fecha en que marcha a Medina de Rioseco- que finalizaría Guillén Doncel (este era ante todo entallador) . A su lado aparecen Juan de Angers junto a un grupo de artistas menores entre los que figuraron, según Arantzazu Oricheta, Juan de Miao, Esteban Jamete, Antonio de Remesal, Roberto Memorancy y Pedro del Camino; para Mª Dolores Campos Sánchez-Bordona fueron estos últimos -junto con Doncel-, los que se encargaron de la talla de elementos como las misericordias, frisos y apoyamanos.
En 1543 se procedió a su instalación y montaje y a la talla de la silla episcopal -el respaldar con la figura de Cristo se encargaría poco después a Juni ya residente en Valladolid-, labores que fueron encomendadas a Guillen Doncel (la talla del sitial prioral la realizó Juan de Miao) quien firma la sillería en 1542. "MAGISTER / GUILLERM' / DOZEL / ME FECIT 1942".
Se desconoce todo lo referente al contrato de la sillería, si bien el proceso sería similar al de otros encargos:  concesión de la licencia para su construcción, contrato y realización de una silla alta y otra baja como muestra, trazas del conjunto y estimaciones económicas. Lo  habitual era que el contrato se estableciera con el maestro principal pero junto a él solían aparecer algunos oficiales y aprendices que formasen parte en ese momento de su taller. La duración de las obras variaba entre cinco y diez años aunque podía demorarse algo más.
Las fechas claves de construcción de la sillería señaladas por Arántzazu Oricheta y Mª Dolores Campos son: 1531 compra de la madera, 1533 inicio de la obra, 1537-1538 se está trabajando en ella, 1541-1542 instalación y montaje, 1543 finalización.
Algo que parece increíble es la decisión pocos años después, en 1562, de su traslado  a la casa de la Calera -lo que se produjo entre 1567 y 1568-, y de allí a Mérida, regresando de nuevo a León en carretas en 1603.
La sillería, al parecer, se renovó o modificó entre 1721 y 1723. Antonio Ponz en 1787  en el tomo XI de su "Viaje de España", escribía indignado: "No es fácil de explicar cuanto ha perdido esta bella obra con la renovación ejecutada en el presente siglo; pues nada sería en ella tolerable, si no hubieran seguido la idea de la sillería antigua, con lo qual le queda al todo una forma regular, aunque la execucion en la parte de la escultura sea malísima. Dos años se tardo en esta triste renovacion; y para que no pereciese su memoria, se puso otra targeta en la escalerilla del lado de la Epístola, donde se lee: Empezóse á renovar esta sillería año de 1721, y acabóse el de 1723". No he sido capaz de encontrar nada que cuente qué fue lo que se hizo, ni siquiera la cartela con las fechas de renovación en la escalerilla del lado de la Epístola que cita Antonio Ponz.
A lo largo del siglo XX -escribe Arántzazu Oricheta-, se hicieron pequeños arreglos y limpiezas, y en 1966, en particular, "Restauraciones Artísticas F. Díaz" efectuó una consolidación de la obra coral con reintegración de desperfectos. ¿Sería entonces cuando desapareció la "targeta en la escalerilla del lado de la Epístola"  y algunas de las modificaciones que enfadaron a Antonio Ponz?.

BIBLIOGRAFÍA.

-Ana Ávila, "Imágenes y símbolos", "Anthropos", Barcelona 1993.
-Manuel Arias Martínez, "La Sillería del Coro de San Marcos de León. Museo de León. Guía breve", Valladolid 1995.
- Manuel Arias Martínez, "La sillería de la casa santiaguista de San Marcos de León en el panorama de las sillerías hispanas de su tiempo", Astórica nº, 28, Astorga 2009.
-Mª Dolores Campos Sánchez-Bordona y Arántzazu Oricheta García, "El convento de San Marcos de León. Nuevos datos sobre el proceso constructivo en el siglo XVI", BRABASF, Madrid 1998.
-Juan Eduardo Cirlot, "Diccionario de símbolos", Ed. Siruela, Madrid 2011.
-Mª Antonia Fernández del Hoyo, "Juan de Juni, escultor", Valladolid 2012.
-César García Álvarez, "El simbolismo del grutesco renacentista", León 2001.
- Juan José Martín González,  "La sillería de San Marcos de León", Revista Goya, nº 29, Madrid 1959.
-Arántzazu Oricheta García, "La influencia de las sillerías corales francesas del siglo XVI en el conjunto coral de San Marcos de León", BMICA LXII, Zaragoza 1995.
-Arántzazu Oricheta García, "Grabados alemanes y flamencos: los modelos de Juan de Juni y su escuela en León", Madrid 1996.
-Arántzazu Oricheta García, "La sillería coral del Convento de San Marcos de León", León 1997.
-Antonio Ponz, "Viage de España, en que se da noticia de las cosas mas apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella", t. Xi, Madrid 1787 (facsímile Madrid 1972).

NOTAS.
crosas: Remates generalmente calados y muy ornamentados en que terminan lateralmente los sitiales que flanquean las escaleras o que inician las sillerías.
misericordia: "Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie". (R.A.E.)
grutesco: "Decoración caracterizada por una fantasía morfológica de seres y objetos reales e imaginarios" (Ana Ávila)