miércoles, 4 de enero de 2012

SILLERÍAS DE CORO (I)


Sillería del Monasterio de San Benito (Valladolid). (V)
(QUINTA PARTE)

Dice el Diccionario de la Real Academia Española en su vigésima segunda edición: “Ornamento: Adorno, compostura, atavío que hace vistosa alguna cosa”. Y se añade que, en plural, metafóricamente, significaría las “Cualidades y prendas morales de la persona, que la hacen más recomendable”.

4. PANELES PROFANOS.

4. 2. DOSELES SUPERIORES.
Ornamentar equivale a una actividad como la de “crear imagen”; ornamentar significó también en el pasado creación de imagen. La creación de imagen, tal como la entendemos hoy, consiste en presentar de un modo atractivo y verosímil las buenas cualidades de un sujeto, y en tiempos pasados al modo de “crear imagen” se le asignaba la función de ornamentar, de presentar al sujeto y a sus cosas de una forma adecuada.
El estalo del general de la Orden de San Benito, único policromado, presenta las señas de identidad de su abad, Fray Alonso de Toro, cuando la fecha de su terminación: dos toros en lucha
A finales del siglo XV los Reyes Católicos auspiciaron en los monasterios benedictinos una reforma que logró la reorganización de su gobierno; se creó una Congregación que agrupaba a las casas de la Corona de Castilla y algunas de las de la Corona de Aragón.
Su centro fue el monasterio vallisoletano conocido hoy como Monasterio de San Benito. Periódicamente se reunían en él todos los abades para elegir al superior de la Congregación y tratar asuntos relacionados con sus costumbres; por ello no es de extrañar que en 1525 se acordase realizar una sillería para el coro, en donde cada monasterio pagase y tuviera asignada una silla propia. En cada uno de los sitiales altos figurarían el nombre del monasterio, un panel con la talla de su titular o de su fundador o la de un personaje civil o religiosos relacionado con él, y en el remate, sobre el dosel, su escudo, o el de su fundador, entre pequeñas esculturas de bulto; la obra fue dirigida por Andrés de Nájera.
A partir de entonces, la Congregación benedictina de Castilla convirtió la casa de Valladolid en un influyente centro de poder . La federación de las distintas abadías y la residencia de su general en el monasterio de San Benito el Real hizo del lugar un centro de influencias, que reclamaba un ornato de carácter institucional. La sillería coral, -al servicio tanto de las funciones litúrgicas como de las reuniones capitulares mantenidas por todos los abades-, respondió, por tanto, a un programa que reafirmaba la identidad de la orden, y que actuaba como elemento propagandístico de su poder.
Dice Manuel Arias Martínez en una de  las Fichas del Museo Nacional de Escultura  relativas a la sillería:  “… en la sillería se introduce plenamente un código ornamental fundamentado en las fuentes renacentistas, con el uso de grutescos y decoración vegetal tomados de compilaciones de origen clásico…”. Personalmente creo que la frase admite ligerísimas matizaciones, ya que son más de 500 paneles diferentes, - de mayor o menor dimensión-, los adornados con motivos renacentistas. Mi opinión es que Andrés de Nájera comprendió la mecánica de construcción de la ornamentación renacentista y la mayor parte de los diseños de la sillería son diseños propios.
Si decorar es crear imagen, contribuir a hacer recomendables a las personas, la tradición ofrece eficacísimos recursos para lograrlo, si se saben utilizar. Los recursos con el paso del tiempo se fueron acumulando y se extendían a todo tipo de objetos, suscitando una gran unidad formal. El conjunto de los recursos, y los objetos donde se han aplicando han compuesto un estilo.
Andrés de Nájera había aprendido la técnica de creación de los llamados motivos renacentistas y fue el creador de los de las sillerías de Santo Domingo de la Calzada, de los de la de Valladolid y probablemente de los de la sillería de Burgos, no tomándolos de compilaciones de origen clásico sino elaborándoles con la técnica adecuada a partir del análisis de algunos grabados.
Los diseñadores occidentales, -Andrés de Nájera fue ante todo un diseñador-, han creado un sistema de dignificación con fórmulas eficaces y prestigiosas con patrones o esquemas repetibles propios. Han prescindido casi del símbolo ( la manera más sencilla de dignificar es añadir etiquetas) y han recreado las formas.
Más que los motivos individuales, les ha importado el sentido del ritmo, que se ayuda con la reiteración de curvas, la línea ondulante (doble curvatura), la espiral y la voluta.
Los breves comentarios que siguen sobre las fórmulas empleadas por Andrés de Nájera en la realización de los motivos profanos de la sillería tan sólo pretenden ser una ayuda para mejorar nuestra mirada, pues se trata de intentar eso, otra forma de mirar.
Las Molduras son los elementoss primarios del diseño clásico. Obedecen a una necesidad de articular y acentuar los objetos; fundamentalmente sirven para marcar la separación entre distintos cuerpos, para rematar un volumen. No tienen una definición geométrica precisa, y la tradición aconseja tratarlas a sentimiento.
Las molduras pueden enriquecerse. Y se enriquecen con pequeñas variantes de los mismos motivos, con frecuencia alternos, contrastantes, de fuerte relieve, y aptos para ser repetidos; entre ellos las cuentas, discos, husos, dardos, grecas , etc. Se ajustan a la sección de la moldura y subrayan su forma. Acostumbran a ser muy pequeños, pues se eligen para reforzar el efecto de la moldura, y no deben desempeñar ningún protagonismo; tienen que aceptar repetirse en una reiteración casi infinita normalmente con una alternancia de dos elementos contrastantes como delgado-grueso o romo-afilado.
En obras grandes, con gran profusión de ornamentación, y en las composiciones rutinarias se acude en general a alguna receta sencilla. Hay pocas reglas, como, quizás, disponer algunas molduras o fajas claramente “dominantes”, de mayor altura, y contrastar las molduras principales con otras menudas; simplemente se debe respetar la función de cada moldura, y no colocar dos molduras juntas, sino separadas por algún filete.
Los Paneles son la más elemental organización plana que puede diseñarse con molduras para ornamentar una superficie. Las “cajas”, por ejemplo, son un acompañamiento habitual de la arquitectura.
Las “cartelas”, pequeños marcos concebidos originalmente para colocar inscripciones, pueden constituir muy bien el centro o polo de una composición; se trata fundamentalmente de un marco pero de una escala menor por lo que permite mayor soltura y se les puede dar el énfasis que se quiera; distintos autores crearon estilos de cartelas diferentes.
La “tabula ansata”, la tarjeta típica que utilizaban los antiguos romanos como marco de inscripciones, que se usaba realmente en ceremonias (y se labraba después), es el precedente de las tablas con la indicación "hic est chorus" que se colocaba en uno u otro brazo de las sillerías de coro para indicar cuál de las partes del coro llevaba la iniciativa en el canto.
El formato más común de los Paneles para la decoración es el rectangular. Es muy sencillo resolver esta decoración estructurándola a partir de un Vaso, tecnica que se utilizó mucho en el renacimiento. Es todo un género de ornamentación.
En general se trataba de crear un encuadre que contuviese inscripciones, anagramas, símbolos, y muy frecuentemente motivos heráldicos;
Los Paneles crean centros de interés, polos o nodos de la superficie ornamentada. Son un recursos ornamental de primer orden. En los edificios se colocan en el punto más señalado de las fachadas y en las sillerías de coro son los soportes de los elementos decorativos.
Los vasos (o jarras) nos enseñan cómo articular un volumen; siendo así posible considerar a las columnas clásicas como un género especial de vasos.
Los vasos han servido como acompañamiento o como uno de los mejores ornamentos. Necesitan de un sentido de la forma, del dominio de las proporciones de cada cuerpo, de conocer la importancia de la molduración, y de la incidencia del adorno.
Como regla general están compuestos por un pequeño número de partes o formas. Normalmente estas son: pie, cuerpo y boca; un asa, una tapa y un caño se añaden a veces. La parte más importante es el cuerpo; la mayor parte de las veces determina la forma fundamental del vaso.
En los vasos interesa sobre todo la silueta general, el modo como se han preparado las bases, el tratamiento del vientre y de lo que suele ser un friso, los hombros y la culminación. Es facil percibir cómo se han articulado los vasos: se ha actuado repetidamente con los efectos cornisa y friso.
Las molduras horizontales de los vasos, con sus adornos, tienen un papel primordial, normalmente muy repetidos, así como el uso imaginativo de las estrías y acanaladuras.
Para llenar algunas zonas un recurso es la utilización de figuras o escenas, empleándose como nexo de conexión los zarzillos de acanto o vegetales similares.
Los vasos ornamentales romanos enseñan la lógica del enriquecimiento de los objetos en volumen o de la estructuración de paneles cuya decoración se realiza en torno a un eje vertical.
El vaso presenta claramente dos partes: la base con su estrechamiento intermedio y la copa. Las dos partes se articulan al comenzar y al terminar con algún acento especial. Las bases suelen necesitar un pie o un zócalo cuadrado. La copa se divide a su vez en dos, el cáliz y las paredes del vaso; la pared termina en un labio sobresaliente, y entre ambas divisiones aparece alguna moldura.
Al estudiar los vasos se acostumbra a diferenciar entre vasos griegos y romanos y dentro de estos entre urnas, cráteras, ánforas, candelabros y otros (incluiría las cajas, arcas, tripodes, …). La consideración fundamental a la que se llega es que los diseñadores romanos copiaron y enriquecieron estos diseños.
Aunque en los objetos más pequeños se permitió grandes libertades sus formas estuvieron influídas por las de los vasos monumentales.
Los Candelabros juegan un papel esencial en la ornamentación renacentista; se les conoce con la voz italiana de candeleri y la ornamentación con ellos a candeleri. Se organizan en base a un eje central longitudinal que articula motivos geométricos, vegetales e incluso antropomorfos; el eje suele subrayarse acumulando en él una sucesión vertical de vasos.
El candelabro suele utilizarse para vertebrar una decoración de zarcillos de acanto, ovas, seres antropomorfos,etc. Imitan la decoración que apareció en la Domus Aurea por aquella época.
En el interior de los paneles destacan las Figuras y los Símbolos.
Las Figuras, verosímiles o fantásticas, y particularmente la figura humana, atraen la mirada antes que cualquier otra forma: las insinuaciones zoomorficas o antropomórficas son muy sobresalientes, su presencia se advierte en seguida; por eso los motivos que se basan en ellas son muy eficaces en una composición ornamental. Con frecuencia, su poder de atracción actúa de modo contraproducente: resulta dificil que no adquieran algún tipo de significado.
Desde la antiguedad clásica se ha empleado representaciones de pilas de armas, arrebatadas a los vencidos: los trofeos. Estas representaciones reproducen composiciones auténticas que se preparaban para los desfiles triunfales de los militares romanos; y algunas de las más famosas están o estuvieron en arcos triunfales, y sirvieron como sinónimo de victoria. La idea de trofeo ha sido trasladada a otras combinaciones de símbolos no guerreros.
No debe olvidarse que el renacimiento es una exaltación del mundo y del hombre.
La hoja de acanto es el principal ornamento del clasicismo. Se adapta a cualquier formato, tiene un fuerte atractivo visual, y es capaz de mostrar una gran variedad. Además puede transfigurarse en esquemas semejantes: experimentando todo género de metamorfosis vegetal o animal. La “palmeta” posee el mismo esquema básico por lo que es muy apta para ornamentar superficies. Más aplicación han tenido las transformaciones que permite el zarzillo de acanto. El zarzillo con la ayuda de uniones zoomorficas y ojos dionisíacos da lugar a  animaciones: monstruos, medias figuras y máscaras. Los esquemas vegetalizados, son muy frecuentes, y por lo común no se les asocia un significado específico: las rosetas, la corona de laurel, las guirnaldas, los festones son empleados como componentes de la ornamentación.
En el lenguaje de imágenes desarrollado en el sistema ornamental de San Benito hay que considerar, más que los motivos que toma y desarrolla, la utilización que hace de los mismos. Así, la metamorfosis vegetal en la que follaje natural, objetos artificiales o figuras humanas son los ingredientes que se mezclan de acuerdo con ciertas reglas denominados Principios y de los que quizás los más importantes son los de forma y contraste.
Los doseles de la sillería están realizados a partir de dibujos compuestos en base a los principios de simetría y contraste buscando en nuestra percepción un efecto global de belleza sin ningún otro objetivo ya que una de las condiciones absolutas para ser un ornamento es el de ser accesorio. La gramática íntegra de la ornamentación de los doseles consiste en contraste (o confrontación), repetición y formación de series, siendo el ornamento el grupo y no las partes de las que está compuesto.
Si ornamentar es crear imagen, contribuir a hacer recomendables a las personas, la sillería del Monasterio de San Benito contribuyó a transmitir la creencia acerca de la Congregación benedictina de Castilla como influyente centro de poder.

BIBLIOGRAFÍA.
-Manuel Arias Martínez, fichas inventario “A198conjunto” en cer.es y CE0062 en "Museo San Gregorio Ministerio de Cultura", ambas sin fecha.
-Ana Ávila, "Imágenes y símbolos en la arquitectura pintada española (1470-1560)”, Barcelona 1993.
-José Fernández Arenas, "La decoración grutesca. Análisis de una forma", D'Art, Barcelona 1979.
-Joaquín Lorda, “Classical Architecture. The Grand Manner”, Escuela de Arquitectura, Universidad de Navarra.
-José Martí y Monsó, “Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid basados en la investigación de diversos archivos”, Ed. facsimil Valladolid 1992.
-Franz Sales Meyer, "Handbook of Ornament", New York 1849.
-Luis Rodriguez Martinez, “Historia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid", Valladolid 1981.
-Ernesto Zaragoza Pascual, “La sillería de San Benito el Real de Valladolid”, separata de Nova et Vetera 1985.
-Ralph N. Wornum, "Analysis of Ornament. The characteristics of styles", Londres 1856.

NOTAS.
-Para la reacción de este post he seguido fundamentalmente las enseñanzas del profesor J. Lorda a sus alumnos de Arquitectura. Mi agradecimiento.
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